11 may. 2012

Rockuerdo Nuevaola80: El mundo de las drogas, según Fernando Márquez El Zurdo

Abrimos nueva sección, que lleva por título "Rockuerdo Nuevaola80", con un artículo de Fernando Márquez El Zurdo (Kaka de Luxe, Paraísco, La Mode, Pop Decó, Proyecto Bronwyn, La Ruleta China) en el que se explayaba a sus anchas acerca de lo que pensaba del mundo de las drogas que, en pleno año 1982, cercaba peligrosamente a la juventud del momento. Eso sí, sin ocultar para nada sus adicciones y, por supuesto, con la sacárstica que siempre le ha caracterizado. El artículo pertenece al nº4 del fanzine 96 Lágrimas de 1982.

EL QUE SE CHUTA, AJOS COME

En el principio, los punkys locales aparte de clavarse imperdibles en el esfínter, bebían cerveza, vestían de cuero y vomitaban su desprecio en cascadas sobre los pasotas infectos de Malasaña que se emporraban, se atracaban de píldoras lisérgicas e incluso, algunos, se pinchaban. Era la época en que Johnny Lyndon decía vivir en su casa con su mamá y ser un chico hogareño.

Luego resultó que su colega Visioso se inyectaba en las meninges y se encontraba novias apuñaladas en el vaso de la dentadura. A partir de ese momento, y hasta hoy, quien antaño bebía pipermint bastante helado y lo más que cogía era una resaca afrodisíaca ahora se mueve por las sendas de la hepatitis galopante por aquello de ahorrarse el dinero en jeringas para gastarlo en caballo y administrarse dicho producto con una aguja hiperutilizada sin apenas esterilización. Para los no adictos, la cosa de ver como documento “YO, CRISTINA F.” puede ser superada con creces yendo a casa de ciertas amistades. Según dicen, hasta los TEQUILA le dan al asunto, pero, como perfectos triunfadores que son, lo llevan controlado y ahí siguen como lechugas, recibiendo discos de iridio, haciendo galas como descosidos y sacando la lengua a la Casal y a la Ozores. Los y las que no son Tequila parecen llevarlo mucho más crudo. Y es una pena, porque algunas de las bazas más interesantes de nuestra música moderna están ahí.

Bah, lo mismo todo tiene un final feliz, y no le damos a Miguel Ríos, Ramoncín o los chicos del heavy y el gustazo de usar a Fulana o Mengano como tema para una de sus frecuentes elegías en torno a lo pernicioso de la droga, tema lacrimógeno que, como AMA ROS en otros lustros, siempre cala el ánimo del espectador. Y a mí, por lo menos no me sale de acullá que un cretino congele tópicos a gente autóctona como Ana o Eduardo, mucho más valiosa que mil Visiosos juntos. En vez de pena o rabia, le echo a la cosa sarcasmo, que a los interesados hará más efecto y revolverá. Porque si, al leer esto, me dan de hostias o se cagan en mis ancestros, es óptima señal: sólo los muertos y los comatosos no se cabrean. Y ya está. Las crisis están hechas para ser superadas que le dijo el pene de Lou Reed a Campoamor cuando entró en Kaka.

Todo sea dicho, y siguiendo con las drogas, no todos lo que las sufren y/o disfrutan en esta galaxia pop son tan valiosos como los PEGAMOIDES arriba citados. Hay zumbettes retomando las nociones de nueva sicodelia a nivel literal y casero, tres años después de que se me reprochase con mudo desdén tener entre los PARAÍSO a una momia incorrupta de la era hippie a la guitarra, fósil viviente cuyas amistades tenían, entre otras cosas, el mal gusto de vivir por Lavapiés, la indelicadeza de hacer jams de rhythm & blues a la primera de cambio y el poco tacto de ser en un tiempo alcohólicos, grifófilos y amigos íntimos del ácido. Clara que cuando un Antonio Zancajo o un Paco Díez de Velasco, batería de PARAÍSO, levitaban por las mismas frecuencias de un Ayers, una Nico, un Bowie “in the beginning” o unos BEACH BOYS en su etapa vibradora, la sacaban mucho más jugo a una estrellita roja que el que pueda extraer la mente excelsa de esa chica que “tanto se quiere”.

O, cuál es nuestra sorpresa al encontrar a aquel entrañable y esférico “Piraña” de nuestros días colegiales convertido en un esbelto ángel negro heraldo del “no future” y sumido en espesos y atractivos carismas. La metamorfosis, por obra y gracia de los sicotrópicos (denominación paradójica de unos compuestos d’efecto la mar de si mole: primero te cambian metabólicamente y luego te tuestan de tal modo el ético que tu velocímetro queda desde entonces elevado a la enésima potencia). Naturalmente, la imagen del joven anfetamínico resulta de lo más apetitoso, pero, a diferencia de los heroinómanos e incluso de los amigos del alcohol o del ácido, el origen de su afición están patéticamente prosaico que destruye por completo su leyenda. Yo, personalmente, detesto las anfetaminas pues, aparte de no necesitarlas para “transformarme”, siempre que las he tomado he cometido, víctima de la euforia subsiguiente, bastante errores a la hora de elegir personal para mis aventuras. Además, me dan náusea. Decididamente, mis únicas drogas simpáticas don un buen té cargado de hachís, unas botellas de champagne (a ser posible, bueno) y una buena raya de coca cuando se presente la ocasión. El hecho de que Ana y, sobre todo, Eduardo me causen un “respeto imponente” nada exento de inquietud, desde luego, por sus movidas, viene, amén de por la personalidad y valor artístico de ambos, por la enorme impresión que me causó el personaje de Willmore en “ARREBATO” con quien los identifico, en especial el multiinstrumentista Pegamoide. El resto de los personajes del pop madrileño colgados de una u otra manera no me merecen, en general, más respeto que el personaje de la Cecilia Roth en el mismo film, personaje de los más odiados por mí desde tiempos inmemoriales. Creo que el hecho de que Ana y Eduardo pertenezcan a una “casta” superior les dará muchas más oportunidades de imponerse (sobre cualquier cuelgue y seguir creando) a tanto y tanto pululante Madelman-Saltarín modelo “Wildside” y tanta Barbie modelo “Nico” en rebajas.

Veo, veo… todo está muy negro. Pero no seré yo quien oculte la salida. Alguien está rodando con todos nosotros un “ENREDO” a nivel local y, visto desde el otro lado de la pantalla, el drama no es más que una desenfrenada serie de situaciones jocosas donde las góticas de “tragedy” no superarán el efecto obtenido en el original americano por el suicidio de Jodie o la locura asumida de Bert.

NOTA: Quien encuentre cura a este final que la embarnice con cal viva. Besos.


Por Fernando Márquez “El Zurdo” (96 Lágrimas, nº 4, 1982)

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