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15 abr 2025

Rockuerdo Nuevaola80: 27 de diciembre de 1981. Crónica de un concierto debut

El concierto debut de Siniestro Total fue el 27 de diciembre de 1981 en el cine-teatro del colegio Salesianos de Vigo, recordamos aquel histórico momento.

Durante el otoño de 1981, Bibiano Morón, cantautor y promotor musical, comienza a dar forma a los trámites de la organización de un festival musical en Vigo para la época navideña al amparo del Sindicato Gallego de la Música con el patrocinio de Radio Popular y la colaboración de la Comisión Cultural del Ayuntamiento de Vigo, a cuyo frente estaba el pintor Paco Santomé, quien pasaría a la historia contemporánea de Vigo por ser el ‘concejal de la Movida’. A él se le debe, entre otras muchas diligencias, la nomenclatura de las actuales avenidas de Castelao y Martínez Garrido, de la calle Rosalía Castro o de las llamadas calles de los pintores, en la zona de la Plaza de la Independencia de Vigo.

En la organización del evento, Bibiano Morón contaba con la ayuda de Guardiola, “un cantante de verbena de Cabral de la familia del bar El Músico, al lado del cuartel de Barreiro”, tal y como recuerda Antón Reixa. “Y por el medio andaba yo”, aclara. El evento de Bibiano Morón habría de celebrarse en el cine-teatro del colegio Salesianos, en el número 4 de la calle Venezuela, única sala en el Vigo de la época que, por su aforo, podía acoger el festival. Se trataba de una sala de última generación, reformada en 1978 a cuyo frente estaba el sacristán consagrado Salvador Penín. Antón Reixa no se corta e invita al festival a su grupo de amigos, quienes por aquel entonces, recordemos, se hacían llamar Mari Cruz Soriano y los que afinan su piano, que parecía ser una denominación más, algo provisional. Sería aquella de Bibiano la respuesta viguesa a la fortísima propuesta musical de la eterna rival, A Coruña, quien había programado la actuación de Ramones para el 13 de noviembre teloneados por un por aquel entonces grupo novel ourensano de nombre Los Suaves.

Reixa se lo diría a Miguel Costas, quien llama a Julián Hernández al colegio mayor en Madrid para contárselo, pero este le responde que va a ser imposible. Los roles instrumentales de los tres -Costas, Hernández y Torrado-, aún no están completamente definidos, ninguno de los tres quiere cantar, y que lo poquísimo que tienen preparado, 'Cáncer de mama (Las tetas de mi novia)', 'Matar jipis en las Cíes' y el extraño tema de Coppini, 'El Vaticano va a arder', es material de estudio y no puede ser reproducido en directo.

Miguel le traslada el problema a Reixa, quien rápidamente busca una solución: les prestará la batería que sus padres le habían regalado cuando era un adolescente y que tenía guardada en el bajo de la casa familiar que también usaban como almacén de bebidas, situada en una de las zonas más exclusivas de la parroquia costera viguesa de Canido.

Es más, si se comprometen a tocar en el festival, les regalará la batería, pero ninguno de los tres ha tocado una batería en su vida. Costas sería el primero en desentenderse de los tambores, dejando claro que será incapaz de tocar cualquier otra cosa que no fuese una guitarra, por aquel entonces una imitación de Les Paul de marca Yamato. Alberto Torrado, el más virtuoso técnicamente de los tres, se hizo bien al bajo de su hermano, así que no había otro remedio: Hernández debía tomar cuenta de aquella batería, que aunque no tiene ni idea de cómo hacerlo, ya había experimentado y grabado las percusiones de Matar hippies en las Cíes en su sintetizador Korg MS-20.

Xabier Soto recuerda que, aunque no era miembro de la banda “en aquella época éramos todos guitarristas, Miguel y yo, curiosamente, los peores. Tanto Julián como Alberto eran bastante buenos”. Costas recuerda que “Torrado era el único que sabía tocar bien y nos echaba broncas por nuestro pésimo hacer instrumental”.

No pasaría mucho tiempo cuando Julián Hernández descubre que su admiradísimo Frank Zappa -cuyo primer disco que compraría del de Baltimore sería el doble vinilo 'Roxy & Elsewhere' (1974) en 1975-, también se había iniciado en la música en la percusión y con el equivalente en su época de aquel sintetizador, esto es, una caja orquestal.

Faltaba también por resolver el problema de las voces, pero a Miguel Costas no le costó mucho convencer a Coco -Germán Coppini- para que definitivamente se integrase a la banda como vocalista en su debut en el festival navideño de Bibiano Morón después de su desastrosa experiencia a la guitarra con los del 1.500.

“Decidí comprarme mi primera guitarra, una leonina Shiro de octava mano por lo menos, y ante mi escasa aportación musical, decidí definitivamente quedarme con mi voz y la letras”, declararía en el libreto de '¿Se enterarán en casa?' (2018). “A mí me apetecía ser cantante. Sabía que podía transmitir lo que otros no hacían y además no tocaba la guitarra, que la tocaba Miguel, así que yo cantante”, declararía Coppini a Jesus Ordovas en su 'Apocalipis con Grelos'.

Arreglados parcialmente los problemas, Julián Hernández les cuenta que tiene previsto llegar a Vigo nada más comenzar las vacaciones de Navidad y ponerse a ensayar con aquella batería. Y es que además tienen un problema grande con el repertorio, ya que tan solo cuentan con tres canciones. Así, Miguel desde Vigo y Julián desde Madrid, empiezan a componer y arreglar canciones por teléfono.

En una de esas charlas, Julián le comenta a Miguel que tiene una idea para una canción después de ver en televisión los acontecimientos en Irán de la llegada al poder del ayatollah Jomeini. Lo cuenta el propio Hernández: “me acuerdo de que cuando echaron al sha de Persia y empezó a salir Jomeini en televisión, me salió lo de ‘Ayatollah, no me toques la pirola’”. Además, reconoce Hernández, el espíritu de la canción es la misma que la de 'Blue Suede Shoes' (1955) de Carl Perkins y popularizada por Elvis Presley: “Puedes robar mi coche / Puedes quemar mi casa (…) / Puedes beberte todo mi licor (…) / Puedes hacer cualquier cosa / pero mantente lejos de mis zapatos de gamuza azul”. En la versión de Siniestro Total, “[Puedes] mandarme al frente de Iraq / Puedes colgarme de los pies / Y fusilarme también / Cortarme las manos sin piedad / Y llevarte a mi chica, ye-yé / [Pero] Ayatollah, no me toques la pirola”.

Finalmente se debía cerrar el cartel del festival, ‘Nadal Rock’, pero aquel nombre provisional y espontáneo de Mari Cruz Soriano y los que afinan su piano no le gustaba a Antón Reixa, por lo que todos se ponen de acuerdo en la sugerencia de Miguel Costas al conocer el parte de la compañía de seguros tras el accidente del 20 de agosto de 1981: la banda se llamaría, al menos para ese evento, Siniestro Total. “Estaban Parálisis Permanente, Derribos Arias… El nombre era perfecto”, reconocería años después Julián Hernández.

Pero volvamos a nuestro relato. Una vez Hernández de vuelta en Vigo, comienzan los ensayos en el bajo del padre de Antón Reixa donde estaba aquella dichosa batería, dando cuenta además de las botellas de champán y Ponche Cuesta que allí se almacenaban. Allí arreglan nuevos temas: la original de Hernández titulada 'Ayatollah!', y varias versiones, 'The Life and Soul of the Party' (1966) de la británica Petula Clark, que Hernández adapta bajo el título de 'Hoy voy a asesinarte' y cuya composición original oculta al resto de la banda hasta terminado el histórico concierto –“a mí me daba un poco de vergüenza lo de ser fan de una cantante ligera como Petula Clark (…) Solo confesé el auténtico origen de aquellos acordes una vez nos bajamos del escenario del Nadal Rock”, escribiría Hernández en 'Folla con él'-, otra de 'Little Bitch' (1979) de The Specials adaptada como '¡Un, dos!' y una última, 'Here Comes the Summer' (1979) de The Undertones, adaptada como 'Viene el verano'.

Durante las tres noches anteriores al histórico concierto, Hernández, Costas, Soto y Torrado actuarían en el Satchmo del número 33 de la calle Joaquín Loriga junto a Moncho Vázquez y Luis Manuel Fernández Abreu, del grupo Rompente, bajo el nombre de The Bebra Brothers, en homenaje a los enanos de 'El tambor de hojalata', dentro de la I Semana del Departamento de Creación Interdisciplinar de Juventudes Musicales de Vigo.

Como hemos visto, en aquel pub, hoy Vagalume, “se forjó la relación entre Siniestro Total y Rompente a los que se sumaron artistas plásticos del Grupo Atlántico y actores del emergente teatro gallego”, tal y como recuerda el periodista Manuel Bragado.

Finalmente, ‘Nadal Rock’ abría sus puertas en el cine teatro de Salesianos la noche del 26 de diciembre de 1981 con la actuación estelar en dos sesiones de Nacha Pop, a las ocho y a las once de la noche. También actuarían la banda Mámoa y Trenvigo, un conjunto formado por el propio Bibiano Morón junto a Teo Cardalda a la guitarra y Pablo Novoa al bajo, provenientes de la banda Druida y futuros Golpes Bajos junto con Coppini, y Javier Martínez, futuro Semen Up, Aerolíneas Federales y Los Feliz, a la batería.

Ese mismo sábado 26 de diciembre, Siniestro Total promocionaba su actuación del día siguiente en el histórico programa de RNE-Vigo A Trincheira, dirigido por Emilio Alonso Pimentel -hijo del prestigioso intelectual Xesús Alonso Montero-, quien recuerda que “sus canciones fueron cortadas con una entrevista para así non incumplir el contrato”. A Trincheira y Emilio Alonso venían a ser a nivel local lo que 'Esto no es Hawaii'  y Jesus Ordovás lo eran a nivel nacional. “Todos los grupos de la época pasaban por A Trincheira”, recordaría Alonso Pimentel, quien en 2011 publicaría una completa crónica de la Movida viguesa en su libro 'Vigo a 80 revolucións por minuto'.

De posición radicalmente contraria sería su hermano Cuchus Pimentel, guitarrista flamenco, para quien la Movida de Vigo “me parece infumable y con un nivel musical ínfimo, una lacra que nos tenemos que sacar con el tiempo, si podemos. Yo defiendo la buena música, jamás tocaré esas cosas que salen por la tele de Operación Triunfo, Azúcar Moreno o Siniestro Total, aunque haya rechazado muchas ofertas. Prefiero dedicarme a la música honesta, a veces más valorada en otras partes del mundo que en España”.

También sería aquel día el primero en que Siniestro Total saldría en la prensa: una escueta nota en la página 40 del Faro de Vigo anunciando el concierto del día siguiente con las bandas participantes.

Domingo 27 de diciembre de 1981. Al fin llegaba el día del debut de Siniestro Total en una sesión que daría comienzo a las ocho de la tarde y compartirían con el grupo Eseá -cabezas de cartel-, y la banda portuguesa Trabalhadores do Comércio, cuyo vocalista, Sergio Castro, cosas de la vida, acabaría instalándose cuatro años más tarde en Vigo fundando los estudios Planta Sónica con el productor Javier Abreu. En 1989, ambos producirían, entre muchas, los míticos singles de Aerolíneas Federales Quiero rock and roll y Mucho güisqui y rock and roll. También Castro formaría parte de Semen-Up, a quien se le debe también la producción de su hit 'Lo estás haciendo muy bien'.

Los prolegómenos del debut de Siniestro Total los cuenta con todo detalle Antón Reixa en La Voz de Galicia: “Cuando todo ya estaba en marcha nos dimos cuenta de que no había nadie en la puerta de la sala para controlar los tiques de entrada de los que salían a comprar bebidas. Me puse yo, pero me sentía fuera de lugar. Cortaba cada tique y la gente fuera se lo daba a otro y aprovechaba para entrar sin pagar. A mí me daba igual. Yo, aún con melenas, barba y bigote, solo entré en los camerinos para estar con los amigos de Siniestro. Había un ambiente casi solemne. Solo se me ocurrió decirle a Miguel que colgase la correa de la guitarra más baja, tipo Ramones. No me hizo caso y pasaron cuarenta años. Coppini apareció como nunca lo habíamos visto. Fue un éxito. No sabíamos que allí comenzaban los mejores años de nuestras vidas. Estábamos en una inocencia absoluta. Así son las cosas que triunfan. Comenzaba la puta Movida, en realidad la conquista popular del ocio”.

Resulta comprensible la emoción con la que Reixa relata esto último, sobre todo teniendo en cuenta que el lema de su grupo Rompente era “sacar la poesía de los libros y llevarla a la calle y a los bares”.

En aquel concierto estaban presentes entre el público los pintores Menchu Lamas y Antón Patiño junto a Manolo Romón, Pablo Novoa y un jovencísimo Bernardo Vázquez, posteriormente fundador de The Refrescos, junto a su amigo Ernesto Coppini, a quien conoció a través de un compañero con el que compartía clases de inglés en una academia de la Plaza de la Independencia de Vigo. Javier Soto también pudo asistir al estar de días de permiso del servicio militar, junto a su hermano Tochi, quien tuvo la acertada idea de llevarse una cámara de fotos e inmortalizar el momento.

También el propio Julián Hernández tuvo la misma atinada ocurrencia a la hora de llevarse su magnetófono Grundig con una cinta BASF nueva para grabar la actuación. Hernández recuerda aquella noche: “Había muy poca gente ya que el día fuerte había sido el día anterior. En realidad, solo acertaba a ver a nuestro grupo de amigos que tiraban unas octavillas desde la grada del primer piso del teatro que había hecho yo unos días antes”. Aquellas octavillas eran bien sencillas con una tipografía que, como veremos más adelante, estaría llamada a tener un largo recorrido.

Y llegó la hora, concretamente las diez de la noche. Coppini con chaqueta blanca a pintas negras a la derecha del escenario, Torrado con corbata y sombrero al centro, Costas de chaqueta y vaqueros a la izquierda y Hernández detrás, sobre un altillo, a una batería “que estaba llena de timbales y platos que yo no sabía usar”. Frente a ellos, un par de monitores -era la primera vez que los usaban-, meticulosamente instalados por un prometedor chaval vigués de dieciocho años que venía a aquel mundillo para quedarse: el hoy ingeniero de sonido Ricardo Gómez Viso.

Antón Reixa ejerciendo de maestro de ceremonias y en gallego, presentaría a la banda: “¡Hey, directamente llegados de Irán, música celta, esquizo-rock, SINIESTRO TOTAL!”.

A continuación, Germán, que durante los ensayos cantaba tranquilo y relajado, cogió el micrófono y soltó un aterrador grito “¡Exterminio!”, sorprendiendo al resto de la banda, antes de que Julián hiciese sonar sus timbales en la introducción de 'Matar hippies en las Cíes'. Recuerda Hernández que “a mí me pegó un susto que casi me caigo de la batería. Germán Coppini resultó ser una sorpresa increíble, la verdad es que nos quedamos como alucinados nosotros mismos”.

Así, con esa percusión inicial, como si del ainulindalë se tratara, al ritmo de aquel timbal nacía no solo el fenómeno de la Movida de Vigo, sino también una nueva generación y con ella, la reconversión de una decadente ciudad industrial en otra moderna y luminosa. Años después, Hernández diría que aquel movimiento, con el que nunca se sintió cómodo en reivindicar, “sirvió para meter a un país troglodita en una modernidad hasta entonces reservada a unos pocos privilegiados”.

El pintor Antón Patiño, presente en aquel acto, recuerda que todo aquello que estaba viviendo fue “como una reinvención de Galicia. Un proceso de sinergias en el que aprendimos mucho los unos de los otros y fue así como nos fuimos haciendo artistas”. Pero el éxito no sería inmediato. “El poco público ajeno a los músicos se marchó indignado con 'Matar hippies en las Cíes' y los curas dijeron que no volveríamos a tocar en su cine”, recuerda Hernández.

Una vez terminado el festival y tras infinitas audiciones de aquella grabación, a Julián le parece oportuno grabar una nueva maqueta, ya bajo el nombre de Siniestro Total y con el repertorio del concierto en Salesianos. Así, antes de que terminasen las vacaciones de Navidad y ya con la batería de Antón Reixa como trofeo de guerra ganado aquella noche, graban una nueva maqueta incluyendo además nuevos temas: 'Ponte en mi lugar', con letra de Germán Coppini y música de Alberto Torrado; 'Mario (encima del armario)', con letra y música de Miguel Costas, un tema que en palabras de Hernández era “hermano” de 'Ernesto' que Los Nikis acababan de publicar en su EP promocional de debut 'La amenaza amarilla'; y 'Purdey', dedicado al personaje homónimo interpretado por la actriz británica Joanna Lumley en la serie de intriga y espionaje 'Los Nuevos Vengadores' (1976), secuela de la original 'Los Vengadores' (1961), con letra de Germán Coppini y música de Miguel Costas.

Incluyen también en la maqueta pasajes del concierto en Salesianos y la versión electro de 'Matar hippies en las Cíes'. Las cuatro pistas del Teac de Julián Hernández echan más humo que el ficticio ‘Club Botafumeiro’ donde más adelante simularían haberlo grabado, y Julián se lleva aquella cinta a Madrid.

Unas pocas semanas más tarde, a mediados de enero de 1982 y por mediación de Pepo Fuentes, Julián Hernández entregaría en mano aquella maqueta a Jesús Ordovás en la Plaza de España de Madrid, quien la divulgaría poco después en 'Esto no es Hawaii-Diario Pop' de Radio 3 y que llevaría a Siniestro Total al éxito.

[Fuente: Renato A. Landeira]

8 feb 2025

Rockuerdos Nuevaola80: Aquellos Subtrabelios

Hace ya casi 12 años que en L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona) se produjo un insólito concierto en la sala Salamandra cuando el grupo de Facebook "Jo vaig viure els 80's a Barcelona' organizaba un evento sin precedentes. Y no hay más que leer el titular del recorte de prensa de El Periódico que aportaba nuestro gran amigo Miguel Alférez (el que fuera batería de los irredentos Decibelios): "Supervivientes de los 80". 

El concierto propuesto tenía la intención de agrupar a una serie de bandas, la mayoría extintas, procedentes de la década de los ochenta en Barcelona. Entre ellas: Los Novios, Melodrama, Último Resorte, Elektroputos, Aaron & Roll Trío, Kamenbert, Ultratruita, Los Bisontes (Revival Bunch), Piorreah y Trabelios... ¿Cómo?

Trabelios, sí, tal como suena y tal y como se presentaron aquel 23 de marzo de 2013 en la Salamandra,  una amalgama de veteranos músicos de la escena de la Ciudad Condal, entre los que figuraban tres "Decibelios" (Manolo Alférez, Miguel Alférez y David Ocaña), un "Trapero" (Morfi Grei), completándose con Boliche (batería de los Subterranean Kids). Poco después alargaron su nombre a Subtrabelios para completar el anagrama en condiciones.

Toda esta introducción tiene un especial cometido: resaltar el significado de la foto que ilustra este escrito. La imagen dignificaba a estas figuras del rock catalán (no confundir con 'rock català') de finales de los 70 y principios de los 80 como supervivientes de una generación sin igual. De ellos, tan solo Miguel sigue acompañándonos en este mundo, puesto que los otros tres ya nos dejaron: David Ocaña (2017), Manuel Alférez (2020) y Morfi Grei (2024).

Subtrabelios, Decibelios y La Banda Trapera del Río quedaran para siempre en nuestra memoria musical y personal, sin posibilidad alguna de revisiones posteriores (quizás Subterranean Kids sigan aferrándose a los escenarios, no lo sabemos). Vaya por ellos tres (David, Manolo y Miguel Ángel) y por su indeleble recuerdo, pero por supuesto, por Miguel Alférez, nuestro gran amigo, superviviente y resistente al paso de los años.

Ver el artículo completo, firmado por Jordi Bianciotto para El Periódico de Catalunya, en este enlace.

[Redacción Nuevaola80. Pedro J. Pérez]

31 dic 2023

Rockuerdos Nuevaola80: Aquel jóven Loquillo ya despuntaba

Este Rockuerdo nos sirve para cerrar este año 2023, siendo motivo del mismo una crítica aparecida en 1981 en el fancine barcelonés "Merri Melodies", dentro de su sección "Vinilos y Plásticos Negros", sobre el Ep de Loquillo y Los Intocables editado por Cúspide. 

La razón que nos ha movido a destacar este pequeño extracto informativo de hace más de 40 años es, sobre todo, el desparpajo narrativo en el que se movían muchas de aquellas publicaciones, o dicho de otra manera, la característica espontaneidad a la hora de escoger palabras y pensamientos con total libertad. La descripción del inicio del tema "Autopista" es casi para enmarcar: "Casi cinco minutos de durísimos guitarreos con un principio de balada y un arranque de toda la banda que parece la salida de una carrera de dragsters".

Aquí la transcripción completa de la reseña en cuestión:

"Loquillo ya no suena a inocente rockabilly. De hecho les podría dar clases a los tecno punkis estos de agresividad. Si no, escucha 'Rocker', canción de Loquillo y Carlos Segarra, líder de Los Rebeldes, que abre una de las dos caras. Los Intocables machacan los instrumentos y gritan por el fondo convirtiendo el ingenuo rockabilly que ya grabaron Los Rebeldes en un rock de garage que los Stray Cats envidiarían.

'Qué casualidad' es una balada de sonido rancio, donde el fugitivo guita de la banda rinde homenaje a Eddie Cochran.

Y ocupando toda la otra cara está 'Autopista', aquí Loquillo y Los Intocables se ponen a recordar a la Velvet Undergound, con una nocturna canción de Sabino Méndez. Casi cinco minutos de durísimos guitarreos con un principio de balada y un arranque de toda la banda que parece la salida de una carrera de dragsters.

Producción de escasos medios pero con buenas canciones. Loquillo y Los Intocables demuestran que encasillarlos en el rockabilly es un error. Vincent y Cochran están ahí, pero también están Ramones, la Velvet, Clash y Stray Cats. Siguen manteniendo esa ingenuidad que les caracteriza, pero la voz de Loquillo ya está más rota, más dura, se han convertido en algo más lúcido y airado, pero su honestidad suena en los surcos.

¿A qué esperas para salir a comprarlo?" .

Dedicado a nuestro buen amigo, Teo Serrano.

[Redacción Nuevaola80. Pedro J. Pérez]

18 nov 2023

Rockuerdo Nuevaola80: Crónica del concierto de Kamenbert en Zeleste

En este Rockuerdo Nuevaola80 quiero hacer especial énfasis a la decisiva importancia que tuvieron los fanzines durante todo aquel proceso de efervescente actividad que se dio durante los años ochenta, especialmente en sus inicios. Concretamente, el fanzine que nos ocupa es el editado en Badalona 'Movimiento Moderno', en su número 8, y esa ocurrente introducción que hacen  en la crónica (que firma una tal Nicole) del concierto ofrecido por el grupo Kamenbert en la sala Zeleste de Barcelona el 1 de octubre de 1983. 

Esta es su transcripción, tal cual:

"Zeleste. 1.10.83

Mientras Police torturaba los oídos a gran cantidad de gente en el estadio de San Andrés, Kamenbert hizo lo mismo en la sala Zeleste. Una tortura agradable, eso sí.

Kamembert, compuesto por Manolo (voz), Xavier (bajo), Carlo (guitarra), Dani (guitarra) y Robert (batería), se formó hace más o menos año y medio como un instrumento de diversión. Su estilo musical se podría incluir dentro del "pop-rock" aunque no sea esta la definición más exacta.

Su música es desenfadada y divertida. Surge como efecto de los problemas de la actual sociedad, cuestiones, que dicho sea de paso, no se reflejan en sus canciones. Volviendo a aquel sábado, día 1 de octubre, su música hizo mover los pies a todos los que estábamos allí; sonaron temas tan célebres como "No me molestes más", "Kimo era un batera loco", "300 millones", "Vamos" y los temas de su single, grabado en discos DNI, "Soñé que escribía en el último grito"y "Tuve una novia psicodélica".

Su actuación fue acompañada con entusiasmo por parte de los músicos y por parte del público."

Ayyy los fanzines, auténticos vehículos de transmisión cultural a nivel de calle, mecanografiados y maquetados a mano que, una vez fotocopiados y grapados, se distribuían, básicamente, con carácter local. Ya ven, relatos sencillos y directos, sin ambages. Con absoluta inocencia y libertad, como este de nuestra desconocida redactora Nicole, escrito sólo hace ¡¡¡40 años!!!.

[Redacción Nuevaola80. Pedro J. Pérez]

18 ene 2023

Rockuerdo Nuevaola80: 40 años de la presentación de '¿Cuándo se come aquí?'

Los días 14 y 15 de enero de 1983 tendrían lugar sendos conciertos presentación del álbum ¿Cuándo se come aquí? en el Rock-Ola.

Durante la sesión del viernes 14, a Alberto Torrado se le rompió una cuerda del bajo a mitad de concierto mientras, en palabras de Jesus Ordovas, “la gente aprovecha para seguir escupiendo a Germán Coppini”.

Las actuaciones contaron con una versión del himno del Celta de Vigo como introducción para dar paso a 'La revista', 'Las tetas de mi novia', 'Todos los ahorcados mueren empalmados', 'Ponte en mi lugar', 'Los mártires de Uganda', 'Aunque esté en el frenopático (te tiraré del ático)', 'Mario (encima del armario)', 'Los esqueletos no tienen pilila', 'Los chochos voladores', 'Purdey' -dos veces-, 'Nocilla ¡qué merendilla!', 'Hoy voy a asesinarte', 'Ayatollah!', 'Ye-Yé', 'Matar hippies en las Cíes' modificada por 'Matar hippies en Madrid' y 'A funfún A fanfán'.

Respecto a los escupitajos que se llevaba fundamentalmente Germán, Julián Hernández diría que “no eran ni normales ni animaban precisamente a seguir: imposible que aquello durara mucho tiempo. No me extraña que Germán se pasara al pop pulcro y elegante a la primera oportunidad”.

Sobre este particular, Cristina Coppini. hermana de Germán, recuerda que “por lo único que no pasó mi madre era por poner las lavadoras con la ropa después de las actuaciones. Era asqueroso lo que les escupían, pero es que además es gracioso, porque si había una persona escrupulosa, esa era Germán. Si bebías de su vaso, él no lo volvía a coger”.

Miguel Costas guarda también un desagradable recuerdo de aquella insana costumbre en la que “tenía que llevar la guitarra a la tintorería después de cada concierto”. Años más tarde, este último compondría No me da la gana, incluido en su álbum Alguien tenía que hacerlo (2013) en donde canta “no me da la gana que me escupas en la cara / no me da la gana aguantar tu colocón”.

Durante aquellas sesiones de enero de 1983 en el Rock-Ola también tocarían una versión de Let’s Lynch the Landlord (1980), de Dead Kennedys adaptada como Lincha al casero, No me gusta bailar; el tema de Los Ratones Quiero ser Alaska y dos inéditos: una versión de Dios salve al Lehendakari, que Derribos Arias había publicado el pasado año en su EP Branquias bajo el agua, adaptada por Julián Hernández como Dios salve al Conselleiro y una primera versión de El sudaca nos ataca cantada por Coppini.

Jesus Ordovas definió ese concierto como “histórico” y que “cambió el curso de la historia”. En relación al '¿Cuándo se come aquí?', el periodista nacido en Ferrol diría de él que “pocos discos han tenido tanto impacto mediático, cambiando para siempre los límites de lo que se podía grabar, editar, radiar y ver por televisión en el siglo veinte”.

Años más tarde, en diciembre de 2004, la revista Rolling Stone incluía el '¿Cuándo se come aquí?' en el puesto 72º de entre los cien mejores discos españoles del siglo XX.


[Fuente: Renato A. Landeira, Canal Youtube kunkeiro69]

28 feb 2021

Rockuerdo Nuevaola80: Camaleónico Auserón

David Bowie fue todo un referente para una generación que salía de la España gris del franquismo. En lo musical, en lo estético, en definitiva, en lo conceptual. Era difícil encontrar su música en aquellos momentos en los que nuestro país empezaba su particular transición política y, por ende, socio-cultural. Pero, aun así, la figura del británico logró fascinar a aquellos jóvenes que lograban escucharle y verle en las publicaciones que caían en sus manos provocando que, en muchos casos, intentaran emular a tan carismática figura, o lo que es lo mismo, idolotraran al “camaleón”.

Nos situamos en 1979, y hubo un personaje, de no menos calado en nuestra cultura, que fue Santiago Auserón. En aquel año ya tenía grupo, eran los primeros Radio Futura, los que tenían a Herminio Molero como factótum creador. Auserón le puso la voz en aquel estupendo primer álbum ‘Música moderna’, artefacto sonoro que dio pie a una exitosa carrera durante las siguientes dos décadas, ya sin Molero. Pero este aragonés afincado en el Madrid de finales de década, tenía más aristas artísticas, y aquí destacamos quizás la más desconocida, la interpretativa. España también tuvo su particular “camaleón”.

En el vídeo que acompaña este artículo, extractamos el documental creado por el colectivo “Gestión Pop” de título “Las mil caras del Rock” que fue emitido por primera vez en el programa de Paloma Chamorro ‘Imágenes. Artes Visuales’, en el que encontrábamos a un joven Santiago Auserón “multicaracterizado” intercalando una serie de cortos monólogos. Su imagen recorría diferentes estereotipos del rock: desde Elvis Presley o Elton John, pasando por el de crooner, rockero de cuero o mutante al más puro estilo Aviador Dro.

Paloma Chamorro decidió recuparar el documento en el programa piloto (no emitido) de ‘La Edad de Oro’ en 1983, en el que nuevamente contaría con la presencia en directo de Radio Futura, además de Aviador Dro y Parálisis Permanente. Paloma falleció en enero de 2017 a los 68 años a causa de un fallo cardíaco.

Por su parte, Auserón además de participar en el televisivo ‘La Bola de Cristal’, continuó su carrera musical con Radio Futura hasta 1992, para convertirse en su alter ego, Juan Perro, germen del rock latino, todavía en activo a día de hoy, sin olvidar su faceta literaria con varios libros publicados entre 1998 y 2019.



[Redacción Nuevaola80. Pedro J. Pérez]

6 feb 2021

Rockuerdo Nuevaola80: Aquel fulgurante arranque de Pistones (y MR)

Hubo un grupo y un sello que nacieron de la misma forma: de forma fulgurante. Y pasó en 1982, cuando la recién iniciada independiente fundada por Paco Martín y Julián Ruiz (de ahí sus iniciales MR), arranca su corta historia con la edición de una de las bandas más prometedoras del panorama nacional que no eran otros que Pistones, en el que confluyeron Ricardo Chirinos (voz y guitarra), Juan Luis Ambite (bajo), Ramón López (batería) y Frank López (teclados).

La aventura se iniciaba con tres discos cortos, un Maxi y dos singles. El primero de ellos fue 'Las siete menos cuarto' un disco de cuatro temas ('Las siete menos cuarto', 'No estás de suerte', 'El artefacto' y 'Te brillan los ojos') del que extraemos la crítica realizada en El País por el gran José Manuel Costa (fallecido en 2018), con su particular prisma acerca de ese rompedor disco:

"¿Es imaginable un hibridaje entre Mamá y Los Secretos? Sí, no parece ninguna locura o mayor imposible, y así los demuestras los Pistones con un maxi-duración-extendida cuya preciosa portada (Alberto García Alix) es la perfecta guinda que corona un contenido. Y no es que uno enloquezca con el pop por derecho, pero es que todas las cosas bien hechas logran transmitir algo al margen de los géneros.  Y lo de Pistones transmite: frescura no plañidera, alegría no estúpida, melodía no babosa. El disco (independiente) puede pedirse en el número de contratación del grupo: (91) 764 54 79."

Después vino el segundo Maxi 'Voces' ('Voces', 'Soul finger', 'Metadona', 'La cazadora' y 'Quién llama por teléfono') y el sencillo 'Los Ramones/Vuelve pronto'. Ya en 1983 aparece también bajo el paraguas de MR el magnífico Lp 'Persecución', que tan sólo rescata el hit 'Metadona' de entre todos los temas anteriormente publicados. Ese mismo año Ariola absorve a MR y Pistones publica con la "multi" en 1986 'Canciones de lustre'. Los otros dos largos de los madrileños vendrían ya de la mano de Twins, 'Cien veces no', y Epic, 'Entre dos fuegos'.

[Redacción Nuevaola80. Pedro J. Pérez]

30 dic 2020

Rockuerdos Nuevaola80: El homenaje a Lennon de la cultura española del 81

Recientemente se ha publicado el indispensable libro 'Músicos en cuarentena', una obra benéfica en favor de la Asociación Sanfilippo como ayuda para recaudar fondos para la investigación de tan tremenda enfermedad rara. En él, han participado un elenco de músicos, periodistas, fotógrafos y actores de todos los tiempos y estilos que ha significado un verdadero hito literario, además forjado durante tiempos de pandemia. Un libro sin precedentes en cuanto a la cantidad de almas desinteresadas que han destilado un marcado espíruto solidario. 

¿Sin precedentes?

Pues bien, salvando distancias y motivos, si damos un salto en el tiempo de casi 40 años, encontramos una pequeña obra, del todo desconocida, que ponía en circulación la mítica editorial La Banda de Moebius, allá por el año 1981, en el que la flor y nata de la cultura de nuestro país rendía un sentido homenaje al "beatle" asesinado en Nueva York, John Lennon.

Entre ellos, se atisban figuras ya desaparecidas como la de Eduardo Haro Ibars, Pepe Risi, Luís Eduardo Aute, Ceesepe o Moncho Alpuente, que se conjugan con otros músicos y artistas que fueron claves en el devenir de aquella generación que de forma expontánea lograron forjar una parte de la historia de nuestra cultura. Por citar algún ejemplo: el escritor y periodista Javier Puebla, el poeta underground Jaime Noguerol, gentes de grupos del momento como El Aviador Dro o Glutamato Ye-Yé, el incombustible rockero granadino Miguel Ríos, el televisivo Carlos Tena, y así hasta 34 colaboraciones.

Pero lo que verdaderamente me ha llevado a recordar aquel viejo libro asociándolo al más actual mencionado es que hay un personaje que participó en ambas obras. Sí, con cuatro décadas de diferencia, y no es otro que Fernando Márquez "El Zurdo", pieza clave en el arranque de la nueva ola española maniobrando en grupos fundamentales de aquellos finales de los setenta y en adelante como Kaka de Luxe, Paraíso o La Mode, más adelante en peripecias personales como Pop Decó o Proyecto Bronwyn y, ya en tiempos más cercanos, con La Ruleta China. No en vano, Fernando ya había publicado el año anterior con La Banda de Moebius su 'Todos los chicos y las chicas' e incluso en aquel mismo 1981, su segunda obra literaria, el seminal 'Música moderna'.

Esta fue su aportación a 'Homenaje a John Lennon', de título "9 de Diciembre":



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[Redacción Nuevaola80. Pedro J. Pérez]

1 jun 2020

Rockuerdo Nuevaola80: El soberbio homónimo de Topo

Generalmente, el término ruptura se asocia por defecto al de trauma. Después, la experiencia vital nos demuestra que las fracturas de los elementos implicados no son necesariamente para mal, sino que dan rienda suelta a una libertad individual que satisface a unos y a otros, y es que hay veces que es contraproducente que haya más de un rey en un solo castillo.

En el caso que nos ocupa, si las divergencias y las luchas internas por imponer una línea estilística determinada y la insatisfacción que generó la grabación del primer Lp de Asfalto no hubieran concluído en la escisión de Lele Laina y José Luis Jiménez (nada más y nada menos que los dos cantantes principales) del grupo, los mortales no hubiéramos podido disfrutar no sólo de, con permiso del primer disco de Leño, dos discos fundamentales del denominado rock urbano sino de dos carreras que, con altibajos, se extienden con dignidad hasta nuestros días.

Laina y Jiménez reclutaron al malogrado Terry Barrios y a Víctor Ruiz y en tiempo récord formaron Topo con el afán de desarrollar las inquietudes que, por los motivos explicados, no tenían cabida en Asfalto, aunque, a decir verdad, tampoco eran tan antagónicas a las del grupo que pasó a liderar Julio Castejón, de lo que se deduce que los egos también tuvieron algo que ver en la huída.

El por otros discos denostado ("Más madera" de Leño; "Nacha Pop" ...) y curtido en mil batallas musicales mucho antes de ser pasto de tribunales por su gestión al frente de la SGAE Teddy Bautista fué elegido para la producción y su labor en este caso no pudo ser más afortunada, el disco, aún ahora, suena como un tiro y se nota que supo captar a la perfección las pretensiones del grupo, logrando una cohesión infrecuente para la variedad de registros temáticos que abarca, las canciones enlazan unas con otras formando un todo indisoluble que es lo que precisamente lo hace exquisito.

Otro de los aciertos fue la portada, una de las más logradas de la música española, no hay nada más urbano y apropiado que el anagrama del metro de Madrid para reflejar con exactitud lo que se esconde dentro del continente, una declaración de intenciones a través de un elemento muchas veces recurrente en la música, el metro, para describir el tan insufrible como imprescindible modus vivendi de una gran ciudad como la capital del estado.

Centrándonos en el contenido, que se hace corto en los 7 temas que, aún largos en su desarrollo, lo componen, las letras fluyen entre el colegueo de barrio ("Mis amigos dónde estarán"), la introspección personal ("Autorretrato"), el rechazo al imperialismo yanki y a la iglesia ("Abélica";"La catedral"), el amarillismo alienante de la prensa ("El periódico") y la preocupación por la degradación por el medio ambiente y la evolución consumista que desglosan en la profética y maravillosa "Vallecas 1.996", toda una premonición a la que bastaría con cambiarle la fecha para conservar la vigencia, todos ellos vistos desde el prisma de la cotidianidad y el compromiso social, solamente así se podría logar un disco conceptual si no en la forma, si en el fondo.

En resumen, un disco elegante, soberbio, extraordinariamente ideado y ejecutado, exponente máximo de un estilo de vida, el urbanita, y de la forma de entenderlo, extrapolable en su descripción al extrarradio de cualquier gran ciudad y que conectó con toda una generación, aún no abducida por las tecnologías, que pasaba horas intentando "arreglar el mundo a golpes de futbolín".



[Redacción Nuevaola80. Aurelio Sánchez]

30 may 2020

Rockuerdo Nuevaola80: Burning, patrimonio callejero

Antes de entrar en materia con este "Noches de rock and roll" considero poco menos que imprescindible enumerar tres condicionantes que si bien no empañan su cualidad de obra magna, si que ayudan (o intentan) a desvelar el aura de malditismo que le acompaña antes, durante y después de su grabación.

La primera es que Burning venían de publicar el incomprendido (me cuesta utilizar los términos mediocre y decepcionante con cualquier disco de ellos) "Atrapado en el amor", todo un fracaso comercial que contrastaba con la elevación a los altares de los dos anteriores ("El fín de la década" y "Bulevar") y que, tanto para la crítica especializada como para el público, hizo tambalearse a la credibilidad de los de la Elipa y su continuidad en la pole position del rock patrio.

La segunda es que es primer disco sin su cantante principal, el sensual y carismático Antonio Martín, que siendo consciente de la espiral autodestructiva en la que había caído, paralela al desbarre global del grupo, decidió retirarse del mundanal ruido e irse a vivir con su familia antes de que las cosas fueran a peor, ocasionando una sensible pérdida para el grupo. Desgraciadamente no le sirvió de mucho ya que fallecería poco después.

Y la tercera y crucial es que la discográfica que lo editó, el sello Belter especializado en flamenco y canción española, quebró al poco tiempo de ponerlo en circulación, lo que motivó que se vendieran muy pocas copias y, por consiguiente, éstas se convirtieran en pasto de coleccionistas que, dándose cuenta de la joya que tenían ante si, pagaron cantidades desorbitadas para hacerse con ella. Particularmente, estuve mucho tiempo dolido por las 2.000 pesetas que tuve que apoquinar a un usurero de cuyo nombre me acuerdo pero no voy a desvelar. Lo cierto es que si no hubiera sido porque algunas emisoras pinchaban regularmente alguno de sus temas, el disco hubiera permanecido totalmente escondido y olvidado hasta que años más tarde la (cutre) casa de discos Perfil lo reeditara a principios de los 90.

Pero, lejos de amilanarse, si por algo se ha distinguido Johnny Cifuentes es por su incombustibilidad y su capacidad para superar la adversidad, cualidades extensibles a Pepe Risi mientras estuvo con nosotros, y, ni cortos ni perezosos asumieron el rol de cantante a pachas y junto al incipiente sonido de la Gibson de Pepe y la solvencia del resto del grupo y las colaboraciones parieron el disco de rocanrol más macarra, suburbial y barriobajero que ha dado este país.

Con esas características como nexo común, el álbum contiene de todo, desde la evocación de personajes semi-marginales ("Cristina", "Johnny el seco" ...) constantes por otra parte en casi toda la obra de la banda, pildorazos de puro rock ("Esto es un atraco", "Nena" ...) y, por supuesto momentos de nostalgia plasmados en baladas como la sensacional "Una noche sin tí", escrita en clara referencia a Antonio y que junto a "Esto es un atraco" han seguido formando parte del repertorio en directo hasta nuestros días. El resto del (corto) Lp no tiene nada que desmerecer a los temas citados formando en conjunto una obra completa y compacta en la que no cabe la irregularidad.

En resumen, un disco fundamental no solo en la discografía de Burning sino en la historia de la música ligera española, concebido desde una chulería y una irreverencia que dejan al punk a la altura de un juego de niños y que todos los chicos tentados por la magia del rock que quieran dedicarse a esto deberían oir y utilizar como punto de partida, los Burning, patrimonio callejero de Madrid, merecen esa pleitesía.



[Redacción Nuevaola80. Aurelio Sánchez]

6 may 2020

Rockuerdo Nuevaola80: Magnificencia y suntuosidad en el cesto de 'Señora Azul'

No debía ser nada fácil en la España de mediados de los 70 saltarse la norma imperante basada en el pachangueo, “la canción del verano” y los cantantes melódicos (lamentables, en muchos casos) que imponían los (dirigidos) gustos musicales de la época, el precio de ser “diferente” era un ejercicio de alto riesgo que, en el mejor de los casos, se topaba con la censura de las cuchillas de la guillotina y, en el peor, con la inclusión en la lista negra, con todo lo que conllevaba, de artista díscolo con un régimen que no dejaba nada al azar con tal de no permitir el desbarre de tintes libertarios y libertinos.

Tampoco este país, a diferencia de los gremios angloamericanos, ha sido muy pródigo en supergrupos, no sé si será achacable a la peculiar valoración hispana del ego o a razones más banales, lo cierto es que se podrían contar los dedos de una mano los grupos que han tenido entre sus componentes más de dos miembros con el aura de la genialidad.

El origen de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán (no está muy claro si denominarlo con los nombres de los componentes fue una imposición de la compañía discográfica o una decisión salomónica producto de las divergencias marca de la casa) hay que remitirlo a Solera, grupo altamente recomendable y revisable de efímera existencia, que logró de una razonable popularidad gracias a dos magníficos temas “Linda prima” y “Calles del viejo París” que ya vulneraban el predominio hortera de entonces. En él, además de los hermanos José y Manuel Martín, otros magníficos autores de canciones nunca suficientemente valorados, militaban Rodrigo y José Mari Guzmán, solventes instrumentistas (Rodrigo llegó a tocar la guitarra un tiempo nada menos que con Los Pekenikes) y sobre todo unos excelentes orfebres de la composición, más poético e introspectivo Rodrigo y de espíritu más pop Guzmán.

Para completar el combo, reclutaron a otras dos magníficas voces, Adolfo Rodriguez, cantante que fue de Los Iberos, uno de los mejores grupos beat que ha dado este país y que había colocado en las listas de éxitos temas como “Las tres de la noche” y “Summertime girl” y Juan Cánovas, poseedor de una voz rota y desgarrada que endulzaba los oídos y que había sido batería de los Módulos poco antes de su disolución.

Estos mimbres, junto a la producción del insigne Rafael Trabucchelli, todo un mago en el arte de los arreglos orquestales, dieron lugar al cesto denominado “Señora azul”, un disco mágico, sorprendente, muy adelantado a su época donde la (inmensa) calidad de las composiciones coquetea con unas armonías vocales que, aún en nuestros días, no han sido superadas en el panorama nacional.

Las 11 canciones que lo componen tienen entidad por si solas gracias a la calidad de las letras que abarcan desde la ironía más mordaz (“Don Samuel Jazmín”; “Supremo director”; la extraordinaria “El vividor”), el amor desde la perspectiva lírica (“Si pudieras ver”), el desamor (“Nuestro problema”) o la inocencia naif de vertiente pop (“Buscando una solución”, “El río”, “Carrusel”). Mención especial merecen tres canciones, curiosamente las tres de Rodrigo, que por su extrema calidad y su representatividad sobresalen (cosa harto difícil) al resto: “María y Amaranta”, tema que narra con exquisitez una relación lésbica y al que éste colectivo debería erigirle un monumento, “Sólo pienso en ti” acaso la más bella canción de amor escrita en castellano que ha sido objeto de múltiples versiones y principal responsable de que el disco no haya quedado totalmente relegado a la oscuridad y la brutal “Señora azul”, que da título al álbum y que constituye una velada (o no tanto) crítica al amarillismo de la prensa, colectivo al que el grupo nunca profeso mucha simpatía y en la que las voces a pachas de Guzmán y Cánovas alcanzan límites de suntuosidad.

Incomprensiblemente, la compañía, la ínclita Hispavox especialista en dar bandazos incontrolados y ciegos, no les presta el apoyo promocional debido y tan solo algunos programas y revistas especializados de la época (me viene a la mente el siempre recordado “Para vosotros jóvenes” que ejecutaban, entre otros, Carlos Tena y Gonzalo García-Pelayo) dan seguimiento al disco que, como no podía ser de otra manera, pasa desapercibido y el grupo, presa además de graves desavenencias internas, tira la toalla hasta su poco afortunado regreso diez años más tarde de la publicación de este.

Pero, a veces, las digestiones tardan más tiempo del debido en hacerse, el boca a boca del denominado movimiento progre, conscientes de que tenían entre manos una obra maestra, se encarga de sacar lentamente del calificativo “de culto” al disco, se hacen copias en cassette a cientos, empiezan a buscarse copias del mismo, a precios desorbitados, en las tiendas de segunda mano y lo que antes fue indiferencia ahora se convierte en fervor hasta el punto de que la discográfica, consciente del error de bulto que había cometido, lo reedita en 1.980, seis años más tarde de su publicación. Cosas que pasan en este país.

No me voy a andar por las ramas, para finalizar, con la valoración del disco, el problema es que ahondar en calificativos ya mencionados en el texto, sería caer en la redundancia, por tanto me requiero brevedad a mi mismo para resumir que se trata de un disco tan inusual como magnífico, el mejor, junto al primero de Vainica Doble y al “Ciclos” de los Canarios, que se hizo en España en una década oscura y simpar como fueron los 70 y entre los 10 mejores de todos los tiempos.



[Redacción Nuevaola80. Aurelio Sánchez]

29 abr 2020

Rockuerdo Nuevaola80: La canción de Juan Perro

Hay casi unanimidad en los próceres de eso del periodismo musical en sentenciar que "las canciones de Radio Futura han envejecido mal". Algunos, incluso han osado en señalar "lo mal que sonaba el grupo en directo". Estas veladas acusaciones tendrían una base de justificación, en cuanto a lo primero, si nos ceñimos exclusivamente al primigenio "Música moderna", un álbum de indudable éxito pero con marcado por marcado espíritu lúdico, simple y naif (el que primaba en la época) un tanto alejado de las sensaciones más trascendentalmente elaboradas que empezaron a proliferar en el pop español desde mediados de los 80 hasta nuestros días. Aún así, huelga decir que, aunque oído en la actualidad puede sonar un tanto demodé, es un magnífico (quizá el mayor) exponente de la Movida y que contiene sobre todo dos canciones ("Enamorado de la moda juvenil" y "Divina") que son auténticos himnos en la música española y de las que sobra cualquier comentario. También, es probable que los proyectos de Santiago Auserón tras la disolución del grupo (Juan Perro, Las malas lenguas ...), al ofrecer una línea un tanto continuista a la última etapa del grupo, haya servido de tapón a la hora de recurrir a la audición de los álbumes de éste dando figuradamente la sensación de ranciedad.

En cuanto a lo segundo, retomamos el mismo punto de inflexión de la historia: es cierto que, a pesar de los sintetizadores y las cajas de ritmos del histriónico Herminio Molero, no terminaban de sonar adecuadamente, doy fe porque es la impresión que saqué en un concierto que les vi en el Rock-Ola en aquella época, pero una vez que el grupo, tras la salida del mismo de Javier Furia y el propio Herminio, se redujo a cuarteto, también doy fé de que sonaban de manera brillante y compacta y es que, además del indudable liderazgo de Santiago Auserón, la solvencia de su hermano en el bajo, la del malogrado Enrique Sierra en la guitarra principal y la de Solrac en los timbales es irrefutable, Radio Futura era un grupo y sonaba de maravilla como tal.

Antes de la publicación de éste "La canción de Juan Perro", Radio Futura ya estaba en el punto álgido de su carrera, la crítica los veneraba hasta el punto del éxtasis, despachaban discos a tutiplén de sus dos entregas anteriores ("La ley del mar/"La ley del desierto"; "De un país en llamas") incluso de los maxis con versiones extendidas incluídas en los lp´s y sus conciertos alcanzaban el listón de mayoritarios, el grupo era todo un fenómeno de masas al que solo Mecano hacía frente en el panorama nacional.

Pero Santiago Auserón, en lo personal docto e ilustrado dónde los haya, y más concretamente su inquieta mente obsesionada con la investigación seminal en la raíz pivotante de los sonidos originales, captó la encrucijada en la que se encontraba el grupo y tuvo que, entre la dualidad que se le presentaba, elegir entre el bien (evolución) y el mal (estancamiento) ... huelga decir lo que decidió, aunque el bien supusiera una vuelta a los orígenes, desproveyendo en la medida de lo posible los artificios y efectos técnicos a las canciones, impregnando a éstas de ritmos que miraran más hacia lo latino que a lo anglosajón y asumiendo el riesgo de hacer el camino opuesto a los senderos de sus discos anteriores.

Si bien se mantuvo al productor, Jo Dworniak, (cambiarlo hubiese sido demasiado arriesgado), se introdujeron varios y significativos cambios: se prescindió del batería original (Solrac), entrando en su lugar otro virtuoso de las baquetas, el inefable Carlos Torero y se introdujeron en el grupo un teclista (Pedro Navarrete), un percusionista cubano (Daniel Ponce) y hasta una sección de vientos (Uptown Horns) y, quizá lo más importante, se cambió para la grabación Londres por Nueva York en un intento (imagino) de concatenar la cercanía cultural y física latinoamericana con lo que se pretendía conceptuar en el disco. Visto lo visto, las decisiones no pudieron ser más acertadas.

El resultado es un sorprendente mosaico multicolor de sonidos latino-caribeños en los que caben la rumba, el funk,el pop, el reggae, el rock y hasta el rap, todo ello adornado por unas letras elegantes y exquisitas, de inspiración literaria en algún caso, en las que no falta el gusto del mayor de los Auserón por los tópicos y las frases hechas recogidas en la cultura popular y que encajan a la perfección en la horma del zapato sonoro.

No hay paja en ninguna de las 10 canciones, todas de sobra conocidas, que lo componen, aunque ciertamente dado el interés de la compañía en promocionar el disco sin renunciar al estilo pegadizo requerido para entar en las radiofórmulas, unas han gozado de mayor popularidad que otras pero el álbum raya la perfección en "A cara o cruz", "37 grados", "La mala hora", "El canto del gallo" o "Luna de Agosto". Mención aparte merecen dos de las mejores canciones en la historia del grupo: la extraordinaria "Annabel Lee" inspirada en un poema de Edgar Allan Poe y de la que se publicó un estupendo videoclip, y "La negra flor", un excepcional paseo amoroso por las Ramblas de Barcelona que se vería ampliado con la edición en un maxi single de "Paseo con la negra flor" que añadía un rap de cariz jamaicano, pero, como decía, nada sobra en el disco más completo y estimulante de Radio Futura.

La edición fué todo un acontecimiento y fue tal el éxito que el álbum está considerado el punto de partida de lo que después se ha denominado (volvemos a las dichosas etiquetas) "rock latino", de innumerables imitadores, algunos incluso con cierto prestigio (Juanes, Jarabe de palo ...) pero ninguno de ellos se ha acercado tan siquiera a los niveles de originalidad, emotividad y calidad de un disco fundamental en la historia de la música pop española.



[Redacción Nuevaola80. Aurelio Sánchez]

22 abr 2020

Rockuerdos Nuevaola80: Una crónica de Nacha Pop en Rock-Ola

Nuevamente visita la sección "Rockuerdos Nuevaola80" uno de nuestros grupos favoritos, entre otras cosas, por su carisma, por la calidad de sus composiciones o por su gran empatía con todos los que,  alguna vez en nuestras vidas, nos hemos contagiado de la magia compositiva de sus dos "cabecillas", Antonio Vega y Nacho G. Vega.

En esta ocasión, aprovechamos para reivindicar a un profesional de los medios de la talla de Ignacio Julià (fundador de Ruta 66). A continuación transcribimos la crónica que, todavía firmanado como Nacho Julià en las páginas de Rock Espezial, le hizo a Nacha Pop a su paso por Rock-Ola en mayo de 1982 (triple concierto, los días 28, 29 y 30). Nacha Pop, pisó esta mítica sala en tres ocasiones más.

"Me resulta imposible perpetrar una crónica fría y periodística de lo que fue la presentación madrileña del espléndido sgundo LP de Nacha Pop. Por si todavía me quedaba alguna duda  sobre su calidad única, los chicos salieron a escena a por todas, parapetados ante un potente equipo de sonido y dispuestos a que se hicieran realidad esos temas directos, nerviosos y eléctricos, que son el producto del mejor grupo de pop-rock del país. Antonio Vega extrajo de su guitarra los riffs más calientes, y de su mirada tortuosa brotaron las palabras y canciones más impresionantes. Nacho complió perfectamente con su papel de centro neurálgico del conjunto, cantando sus propias canciones con emoción y dejando que su guitarra imprimiera el tono festivo a la velada. Carlos y ÑT fabricaron contínuamente un transfondo rítmico expresivamente eficaz. ¿Las canciones? Bueno, la casi totalidad de "Buena disposición", con arranques furiosos en "No necesitas más", "Alta tensión", "Qué hiciste conmigo anoche" y "Atrás"; y algunos recuerdos del primer álbum, con versiones particularmente tremendas de "Lloviendo en la ciudad", "Miedo al terror" y "Déjame algo", esta última a petición, irrefutable, del público. El público fue otra historia, porque lo cierto es que su comportamiento rozó la histeria, y es que no había para menos. El concierto de Nacha Pop fue lo mejor que le he visto hacer a un grupo español sobre un escenario nunca: rock de verdad, con un cuerpo y una marcha iimparables. ¡Impresionante! Y si cuando vengan a tocar a Barcelona el personal no responde de una vez por todas, yo me muevo a vivir a Madrid. Que ya está bien de aburrimiento."

[Redacción Nuevaola80. Pedro J. Pérez]

10 abr 2020

Rockuerdo Nuevaola80: Pistones. Persecución en caída libre

No sé si una tesis doctoral podría explicar por qué Pistones no figuran con letras de oro en todas las enciclopedias del pop español cuando fueron un grupo venerado en su época tanto por crítica como por público y, a la sazón, sean recordados más por una sola canción que por el global de su discografía, siendo (casi) considerado como grupo de culto cuando su propuesta no era, ni mucho menos, ajena a la simpleza pop de otros grupos coetáneos que han tenido una carrera más longeva y reconocida. Lo tenían todo, excelentes canciones, muy buen directo y dos músicos carismáticos (el cantante Ricardo Chirinos y el bajista Ambite), el apoyo, como decía, de los medios y sin embargo ...

Antes de la publicación de este disco, ya habían dado muestra de su talento en un puñado de singles y maxis editados a través de la independiente MR (creada por el productor Paco Martín) que, a decir verdad y debido a la nefasta producción, sonaban realmente mal y en modo alguno hacían justicia a composiciones tan brillantes como "Voces", "Las siete menos cuarto", "Nadie", "Los Ramones" o la excelsa "Metadona", una de las mejores canciones de la denominada movida madrileña.

Para la grabación de este "Persecución" la elección para las labores de producción no puede ser más acertada: nada más y nada menos que Ariel Rot que, por aquel entonces, andaba desocupado tras la disolución de Tequila. Ariel, no sólo le da un concepto más fresco y power pop al disco mejorando ostensible el sonido, sino que consigue con gran habilidad colocarlos, a pesar de la condena de los fans más recalcitrantes que no aceptaron de buen grado la jugada, en las pistas de baile y en las radios comerciales mediante quizá la canción más comercial de la carrera del grupo, tendente al baile y, a la larga, el mayor éxito en la carrera de Pistones, la archiconocida "El pistolero" que fue publicada tanto en single como maxi.

Pero el larga duración es mucho más que esa canción, es un ramillete excepcional de temas empezando por la versión remozada de la citada "Metadona" y siguiendo por "Lo que quieras oir", "Galaxia", la también regrabada "Nadie" o "Flores condenadas". El éxito es arrollador y, desde luego, nada hacía presagiar el posterior devenir de la formación.

A partir de ahí, la debacle por todos conocida, tanto el siguiente lp (todavía con Ariola que había absorbido a MR) como los dos posteriores, cada uno con una discográfica diferente, pasan, sin razón aparente porque están repletos de buenas canciones ("Qué el sol te de", "Amiga Lola", "Cien veces no", "Caravanas al sur" ...) totalmente desapercibidos, la crítica especializada de las FM´s dejan de apoyarlos implicitamente, el público les da la espalda y el grupo, hastiado, tira la toalla para, hace unos años, reaparecer con cierto éxito en las actuaciones que llevaron a cabo.

Una pena que tan espléndido disco no se haya visto compensado, como decía al principio, con una trayectoria en consonancia pero a veces, sin entrar en valorar cualquier otra circunstancia ignota, la música está sometida a los rigores del capricho y el azar y Pistones es la prueba fehaciente de ello.



[Redacción Nuevaola80. Aurelio Sánchez]

5 abr 2019

Rockuerdos Nuevaola80: El arte de componer según Antonio Vega

A poca gente se le escapa que uno de los grandes compositores del espectro musical pop de este país ha sido, y siempre será, Antonio Vega.

En nuestro apartado de "Rockuerdos Nuevaola80", recuperamos una frase que el mítico músico madrileño citara en una entrevista televisiva que le hicieron en el programa de La 2, "Rápido", hacia mediados de los 90, en la que daba su parecer como compositor.

[Redacción Nuevaola80. Pedro J. Pérez]

29 ene 2019

Rockuerdo Nuevaola80: Los panfletos del "pop"

Los fanzines son esas revistas primitivas y espontáneas que sirven para perfilar y difundir la pasión por la música más fresca de la ciudad. Una expresión pura de inquietud juvenil.

Hace unas semanas, TVE evocaba en el programa “La edad de oro” los primeros pasos de la joven música madrileña. Que,curiosamente, fueron en forma de fanzine. “Kaka de Luxe” era el nombre de una revistilla clandestina que se vendía por El Rastro hace cinco o seis años. Sus autores tenían ganas de hacer cosas; lo primero, un fanzine, una revista llena de sus dibujos y sus gracias, sus obsesiones y alguna fantasía. Luego pasaron a tocar instrumentos, a cantar, a componer y crear letras. De aquella revista ha surgido lo más florido de la actual música “pop” española.

Digamos que un fanzine es el medio más accesible para un adolescente que quiere expresarse. No se necesita experiencia literaria ni grandes medios: basta con tener algo que decir. Se complementa el texto con algunas fotos o dibujos, se maqueta con más o menos cuidado y se lleva a una fotocopiadora. Se tiran unos pocos centenares de copias y ya está. Bueno, también hay que venderlo. Algunas tiendas de discos y boutiques modernas aceptan quedárselos en depósito; lo más sencillo es acercarse a los conciertos o los lugares de concentraciones juveniles, ofreciéndolos directamente.

Son productos de la Galaxia Xerox. Las máquinas fotocopiadoras hacen posible la creación de una revista particular y eso es lo que son la mayor parte de los fanzínes, testimonios de las inquietudes de muchachos que comparten estudios, barrio o intereses. En otros tiempos, los fanzines pertenecían exclusivamente a los mundillos del comic, la ciencia-ficción y géneros adyacentes. Ahora, dominan los de música. Son una legión imparable, una proliferación asombrosa de iniciativas.

De hecho, están saliendo fanzines cuidadísimos, realizados en imprentas y con ambiciones de competir con las publicaciones oficiales. “Du Dua" es el nombre de un periódico de amplia tirada -cada ejemplar del número uno iba acompañado por un flexidisco de O. X. Pow y Derribos Arias-, que recoge los esfuerzos de fanzinerosos que militaron o militan en aventuras como “96 Lágrimas", “Mental” o “Banana Split” . Quieren jugar en la Primera División después de sus temporadas en los subterráneos; tienen depósito legal, perdiendo el marchamo de la clandestinidad. Existe incluso un fanzine electrónico, “Subari Bari”: un vídeo de unos quince minutos realizado por gente que estuvo en “La pluma eléctrica”, una publicación de breve existencia que destacó por su humor corrosivo, su amor por el cotilleo y su voluntad de renovación.

No todos los fanzines son maravillosos. Dejando aparte su valor de expresión generacional no manipulada, hay que reconocer que algunos son particularmente inútiles y estúpidos. Otros resultan prácticamente ilegibles, tanto por la reproducción como por su nivel literario. Pero también abundan creaciones vibrantes, tanto por su inteligencia -“Degalité”- como por su belicosidad grupal -“Penetración”- y la capacidad de apasionamiento de los autores. Por no hablar de esa voluntad de reflejar su tiempo, todo lo que rodea a la turbulencia sonora; “Rockocó” sólo contiene fotografías, agrupadas en números monográficos –“punks”, “mods”, “tecnos”- que retratan a las diferentes tribus musicales.

Hacer una reseña pormenorizada de los papeles alternativos del “pop” sería una tarea auténticamente imposible. Muchos de ellos no salen del círculo más inmediato de sus autores; gran parte sólo publican un número y desaparecen en la noche de los tiempos. Otros no merecerían estar en ninguna hemeroteca “pop”: páginas reiterativas, cerriles, masturbatorias. Pero la ciudad está hirviendo con la llama de los fanzines. Ellos asumen una proximidad a la música que se crea ahora mismo, prescinden de poses profesionales, se expresan con el descaro y la fiereza de sus pocos años. Posiblemente no se hayan planteado grandes discusiones teóricas respecto a la relación entre forma y contenido. Pero están ahí,gracias a una voluntad de participación que reniega de los esquemas consumistas tan queridos a la industria del disco; comprad los discos de vuestros ídolos, adquirid las revistas de colorines en que hablan de ellos.

Se llaman “Lollipop", “96 Octanos”, “Licantropía”, “Atún peludo”, “Variaciones” , “Deoído", "Cero Quince”, “Te Espío”, "Monster”, “Ediciones Moulinsart” , "La parlote”...

[Fuente: Diego A. Manrique. Informativo Villa de Madrid, 15.06.1983]

13 dic 2018

Rockuerdo Nuevaola80: Réquiem al hombre de negro

Presentamos este nuevo Rockuerdo, en este caso desde Málaga, concretamente publicado en el número 0 del fanzine "Caiga quien caiga", titulado 'Santos y pecadores. Punk ¿Qúe punk?' de 1984. El zine-artículo contiene todo un alegato al punk en esencia dedicado a la memoria del fallecido Eduardo Benavente, el carismático líder de Parálisis Permanente tristemente desaparecido en accidente de carretera, y una particular crítica del disco de esta banda, 'El Acto'. Lo firma Juano, quien figura en el reparto de la plantilla como colaborador.

Esta es su transcripción:

Santos y pecadores (Punk, ¿qué punk?). Réquiem al hombre de negro (a Eduardo Benavente)

Dicen que Eduardo gustaba de hacerse el autofracasado y darse golpes con la cabeza en la pared más cercana. También solía acariciar una Fender con una mano y con la otra rasgar suavemente la guitarra durante horas. Enemigo de la melodía supo valerse de ella para componer. Sabio en el arte de la música y gran conocedor de una juventud oscura que ahora vaga por las calles (no sin una cierta melancolía por su pasado triunfal) como una epidemia de las aceras. Vanguardia ante todo. Vanguardia en su época, ahora luchan por perpetuar la especie. Me estoy refiriendo, por supuesto, al incomprendido movimiento PUNK:

Desde habitaciones oscuras hombres y mujeres cansados de una sociedad cansada, luchaban contra el sistema en esas primeras habitaciones oscuras de Inglaterra hace unos cuantos años. Nació un movimiento nazi (por la lucha de Inglaterra contra el nazismo tras la guerra), nació un movimiento de ropas negras, en esa época (los 70) la moda era una moda influenciada por el rock sinfónico, el funk y los restos del hippy (aparte del heavy, su mayor influencia) y por lo tanto de ropas claras.

Nació un movimiento de peinados pintorescos y revueltos, de filosofía obscena, de música turbia, de anarquía en una palabra. Y es precisamente esa anarquía joven y malinterpretada la que llegó a penetrarse (aunque ya tarde) por las alcantarillas de Madrid y Barcelona, surgiendo de su letargo musical las gentes del punk español (imitación del inglés).

La música en España a mediados de los 70 estaba adormecida y los buenos grupos de aquella época eran desconocidos en su propia tierra. Así fue como surgió el punk español. Alaska y Los Pegamoides ya forman parte de la historia del punk, aunque este grupo tenía una más clara influencia de Elvis Costello que de los Sex Pistols o de los Plasmatics, por ejemplo.

Pues bien con unos cuantos singles (más bien de estilo funk que de otra cosa) se ganaron el primer escalón del mercado discográfico. El resto de su historia hasta su disolución ya se conoce. Ahora son Alaska y Dinarama (peor, mucho peor) sólo ha cambiado el nombre. Pues bien uno de los primeros componentes de Alaska y Los Pegamoides fue Eduardo Benavente, jóven de ambiciones ocultas, que formó Parálisis Permanente, su grupo por excelencia y por definición. Un elepé "El Acto" y un par de singles y sus escándalos conforman toda su historia. Una historia cargada de relatos góticos y sadomasoquistas. 

Un L.P. que quizá (respecto a producción) uno de los más originales discos jamás editados en España. Uno de sus temas más curiosos es una adaptación (buena) de David Bowie y Brian Eno llamada 'Héroes'. Los demás, casi todos compuestos por Eduardo y Ana, y dos temas de Eduardo y Nacho, son una plasmación de como se busca la verdad de la vida en el sexo puro, la violencia y el terror, o sea, reirse de todo. A pesar de todo, como ya he dicho antes, no deja de ser una maravillosa muestra de inteligencia y una forma de protestar contra la sociedad que les margina. El disco tiene desde amargas experiencias 'Vamos a jugar', 'Tengo un pasajero', hasta sutilezas 'Bacanal', 'Jugando a las cartas'.

Pero la trágica muerte de Eduardo y el proceso de marginación anti-punkies no hundirán el recuerdo de la viva impresión que se tiene al conocerles.

Juano

[Redacción Nuevaola80. Pedro J. Pérez]

27 may 2018

Rockuerdo Nuevaola80: Madrid en tecnicolor

Nostalgia inyectada en vena. Y todo por culpa o gracias al Ambigú de Diego A. Manrique, hará una década, más o menos. Como a él al volver a escuchar este tema, instantáneamente nos invadió cierta sensación de agridulce desamparo, deseábamos tanto que aquello no acabase nunca como que terminase de una vez. Desde 1981 los acontecimientos se precipitaban a una velocidad de vértigo, sin solución de continuidad de la Nueva Ola pasamos a "un nuevo orden" -que dirían los de Aviador DRO- donde todo cabía, desde las Vainica a las Hornadas Irritantes, desde el Discoplay de Los Sótanos a Escridiscos, desde esa novieta de segundo de BUP cuyos besos sabían a Toblerone a esa argentinita de floreciente pelo Sunsilk y piterpanes de colores, con la que compartimos tantos Marie Brizard en el "Estar", tantos culines de sidra en Fuencarral, tantos asientos cutres de la Línea 5, tantos palmos de piel inexplorada, tantos discos de Rough Trade.

Porque este "Madrid en Tecnicolor" no solo nos retrotraía a una época tan inocente como ilusionante sino que además tenía la capacidad de provocar un tremendo bajón emocional, acompañado por un humedecimiento progresivo de nuestra visión. En definitiva, veía la luz esa incómoda sensación de vacío emocional, de juventud inacabada, de perpetuo fuego fatuo.

Diego llevaba razón, injustamente esta barbaridad de tema había sido enterrado y olvidado, es como si nunca hubiera existido, no consta en ninguno de los múltiples recopilatorios hasta la fecha editados, fueran estos dobles, triples o quíntuples. Y tras rebuscar en los recuerdos que se apilan en un armario ropero se nos aparecen estas postales adquiridas en cualquier kiosco de la Gran Vía, a caballo entre los años del destape y la chulería más moderna de la que el Foro haya presumido jamás. Y no busquéis más emblemas, quizá os parecerá cutre el adorno elegido pero para nosotros es más que suficiente, demuestra que allí estuvimos, extasiados con los brillos de esta ciudad.



[Redacción Nuevaola80. Manu Guinarte]

23 dic 2016

Rockuerdo Nuevaola80: Cuando Warhol se pasó por Madrid

Si hubo un momento histórico (por no decir histérico) que marcó uno de los hitos más nombrados en el devenir de la movida madrileña, ese fue sin duda la visita a Madrid que Andy Warhol realizó en 1983, de la mano de Carlos Martorell, relaciones públicas y persona que promovió tan celebérrimo evento. Fueron en total nueve días que supusieron la consagración de la modernidad madrileña. El evento por el que el creador de The Factory (Nueva York) vino a España fue la inauguración de su exposición 'Pistolas, Cuchillos, Cruces', que tuvo el espacio de la Galeria Vijande como lugar de la muestra, entre diciembre de 1982 y febrero de 1983, con una entrada de 100 pesetas, vamos los "veinte duros" de toda la vida.

A continuación recuperamos tres artículos de diferentes épocas (1983, 2007 y 2016) y medios (Diego A. Manrique para Rock Espezial, El Mundo e Isabel R. Alcón para la revista Vanity Fair), como Rockuerdo indispensable de aquel celebrado momento.

Andy Warhol. Madrid me mata
Diego A. Manrique; Rock Espezial, 19 de Marzo de 1983

Ciertamente, Andy Warhol no es un performer para locales grandes. Su humor cínico, sus chispas verbales solo tienen sentido en ámbitos privados. Rodeado de docenas de fans y de todos los medios de comunicación imaginables, su conferencia de prensa se convierte en un baboso homenaje al Canciller del Pop Art.

En su mayoría, el público parece conformarse con mirar entusiasmado la leyenda hecha carne, como si España hubiera estado aislada del mundo en los últimos veinte años. Tal papanatismo, tal adoración ciega, tal tumulto parece incluso exagerado en este Madrid que quiere adquirir como sea cara de Internacionalidad. Pero lo peor no son esos benditos que ahora se excitan ante el desgastado genio del American Pop Art, sino los enterados que se sienten tan satisfechos ante su dominio del tema que lanzan las preguntas más obvias para el lucimiento de Warhol, guiños de complicidad entre ellos y el artista: “¿Cómo está tu perro? ¿Sigues utilizando calzoncillos tipo boxeador? ¿Qué haces cuando te levantas?”. Andy, rodeado de ayudantes para todo, responde con las frases rituales, provoca risas y juega a decir lo contrario de lo esperado. Contento, el público agradece los chistes, soporta las mutaciones de la traducción, se agolpa sobre la figurilla pálida.

Warhol y Madrid bailan un minué entre la exposición de “Pistolas, Cuchillos, Cruces”, cuadros rutinarios y solo aptos para el bostezo que no valen las 100 pesetas que cobran por entrar en la Galería. Una bella operación: Andy firma todo lo que se le pone a tiro (especialmente, copias del ‘Interview’, que necesita un empujón promocional) con la consumada maestría del artista moderno que ha comprendido que los tiempos le exigen ser mitad star, mitad creador.

Alrededor, unos se susurran a otros la dirección de la fiesta que le han montado a Andy esta noche (“no te lo pierdas, Dinarama van a tocar y van a estar los marqueses de…”). Warhol consigue convertir al “todo Madrid” en un batallón de art groupies. Como pintor o filósofo tal vez no tenga nada que ofrecer; como terremoto social es algo único. Vuelve, Andy, te queremos TANTO.

El extraterrestre que nos visitó
El Mundo, 10 de Junio de 2007

Andy Warhol vino a conocer la Movida madrileña y a vender sus cuadros en enero de 1983. Le organizaron fiestas en casa de grandes empresarios, a las que asistieron la aristocracia y la farándula en disparatada sintonía. El artista pop se paseó entre ellos como un autista, según recuerdan algunas de las personas que estuvieron con él durante su visita. El Mundo celebra al personaje con una colección de sus láminas.

La visita de Andy Warhol a España es como una de esas historias románticas con final triste, en la que una de las partes considera a la otra el amor de su vida y, en cambio, el objeto de esa gran pasión no recuerda ni el nombre de lo que para él fue una aventura pasajera. La visita de Warhol a Madrid en enero de 1983 fue un acontecimiento histórico para un sector de la sociedad madrileña. En cualquier otro momento hubiera sido, obviamente, algo muy relevante, pero el hecho de que viniera en el 83 y precisamente a la capital, hizo de su viaje algo muy especial (moriría cuatro años después durante una operación de vesícula).

Una especie de certificación oficial de que la Movida era algo importante y que España –ese país que intentaba coger como fuera el tren de los tiempos modernos– estaba en el cogollo de la vanguardia. Aquella visita, en la que vino invitado por Fernando Vijande, que inauguraba en su galería la muestra Cuchillos, cruces y pistolas, aglutina con diversos detalles buena parte de la filosofía de muchos artistas que comenzaban su carrera en aquella época y el pulso de una sociedad que empezaba a transformarse.

Bendijo, dio carta de identidad a actitudes que tanto tenían que ver con los postulados de su Factory neoyorquina, como esa mezcla entre la cultura y lo cotidiano, la fascinación desprejuiciada por personajes de la alta sociedad y de las revistas del corazón, como mitos del imaginario pop (que aquí tan bien cultivaban Costus, McNamara, Almodóvar o Alaska y los Pegamoides) y la facilidad para relacionarse y aglutinar a aristócratas con personajes desclasados (algunos también de familia bien) de la cultura underground…

En cualquier caso resulta significativo que esos días de Warhol en España, que han llenado capítulos de libros o que ahora mismo sirven para hacer un artículo, no fueron, al parecer, en absoluto relevantes para él. En sus diarios (Diarios, Andy Warhol, Ed. Anagrama), donde anotaba absolutamente todo, desde lo que le había costado el taxi para ir al dentista hasta lo que había comido para desayunar, no escribe nada de su viaje a España. Pasa del día 14 de enero al 25 de enero de 1983, sin mencionar el viaje a Madrid. En cambio, sí habla de su visita a París o a Mónaco. Y Víctor Bockris, amigo y biógrafo oficial de Warhol, dedica un párrafo de 20 líneas a ese periplo, en una biografía del artista de 530 páginas.

Un vago recuerdo. La persona que más luz podría aportar sobre ese viaje es Chris Makos (fotógrafo y amigo del pintor) que le acompañó entonces, junto a Fred Hughes (su secretario). Pero, como la mayoría de los que hemos consultado sobre aquellos días, reconoce que tiene un recuerdo vago de todo aquello y que no puede aportar demasiados detalles. De hecho, desentrañar qué ocurrió exactamente durante esa semana es complicado, porque testigos del mismo acontecimiento dan versiones distintas de lo que ocurrió, pero ya se sabe que si uno se acuerda bien de lo que ocurrió durante la Movida es que no la vivió…

Volviendo a Chris Makos, en declaraciones a Magazine desde su estudio de Nueva York, rememora que lo que más le gustó a Andy de España fue la gente («los españoles le parecieron muy sexys») y la repostería: «Las pastas de la pastelería Mallorca le volvieron loco. Bueno, y las tapas, pero compró un montón de pastas para llevarse a Nueva York». Pero además de comprar dulces de Mallorca, Warhol hizo algunas (tampoco muchas) cosas más. Las fiestas en casa de los March y de los Hachuel fueron los dos momentos sociales más relevantes.

Fueron acontecimientos esenciales dentro de lo que después se llamaría la Movida, porque estaban todos los que han tenido algo que decir dentro de aquel movimiento. Pero además supuso un precedente de algo que se convertiría en una constante durante esa década y la siguiente, que no se había dado antes en nuestro país: la unión entre la modernidad underground y la alta sociedad de toda la vida.

En la fiesta de la casa de la calle Miguel Ángel de los March, o en la de los Hachuel, se mezclaron personajes como Cuqui Fierro, Pitita Ridruejo o Isabel Preysler con Almodóvar, McNamara, Alaska y los Pegamoides, Sigfrido Martín Begué, Bernardo Bonezzi, Gorka de Dúo, Pablo Pérez Míguez o Luis Antonio de Villena.

Este último explica aquella reunión en un capítulo de su libro Madrid ha muerto. Él fue uno de los pocos elegidos que estuvo en la cena previa a la fiesta de Juan March, donde se reunieron unas 15 personas, que serían unas 100 en el «fiestón». Warhol, explica Villena, «se sentó al lado de Isabel Preysler».

Creo que Isabel le había encargado un retrato o estaba interesada. Ella, al principio, como era lógico, intentó entablar conversación con él, pero después de varios minutos de recibir el silencio o monosílabos por respuesta, desistió, lógicamente. Él, prácticamente, no abrió la boca».

Después de la cena, todos bajaron a la gran fiesta. Aunque era en su honor, los presentes cuentan que Warhol continuó con su mutismo, interpretando el personaje a la perfección y, como cualquier gran estrella que se precie, estuvo unos minutos, acompañado por una especie de séquito de chicos guapísimos –según cuenta Luis Antonio de Villena–, y se fue. Pero durante esos minutos tuvo tiempo para hablar con algunos de los artistas que estaban por allí.

En el prólogo de su libro Patty Diphusa (Ed. Anagrama), Almodóvar explica magníficamente su encuentro con Warhol y también lo que él significaba para aquellos artistas. «A propósito de la exhibición de la última obra de Warhol [Cuchilllos, cruces y pistolas] provocó [el galerista Fernando Vijande] un encuentro entre ambos submundos, tan distantes y tan paralelos. Cada día éramos presentados una y otra vez al dios Warhol en distintas fiestas organizadas en su honor, pero nunca nos reconocía (hablo en plural porque siempre éramos un montón de gente).

Andy desarrolló en Madrid su vertiente más autista, se limitaba a estar en los sitios y si acaso te hacía una foto con gesto de autómata. Daba la impresión de que la cámara no estuviera cargada. Lo que más le interesaban eran las marquesas y gente así, a ver si alguna le encargaba algún retrato, pero creo que ninguna picó».

El realizador manchego continúa: «Siempre me presentaban como el Warhol español. A la quinta vez (en casa de los March) me preguntó por qué yo era el Warhol español. ‘Porque no se les ocurre otro modo de presentarme’, le dije. ‘A simple vista no nos parecemos’, me dijo. (…) ‘Debe ser porque en mis películas yo también saco travestís y drogadictos’, le contesté avergonzado, consciente de que la conversación y mi papel en ella eran bastante ridículos».

Flamenco y Pegamoides. Si la fiesta de los March fue sonada, lo cierto es que la que se hizo en casa de Hachuel, para despedirle, no tuvo nada que envidiar. Allí actuaron un cuadro flamenco, Alaska y los Pegamoides y Almodóvar y McNamara. El cantante, escritor y ahora pintor Fabio McNamara reconoce que muy muy bien no recuerda lo que pasó allí, pero que habló con él. «Nosotros íbamos a divertirnos, no a fijarnos a ver qué pasaba para poder contarlo años después. Supongo que estaríamos en algún rincón riéndonos, no sé, la verdad. Yo en aquella época me pasaba un poco y no recuerdo muy bien nada. Además, hace tantos años… Lo que sí recuerdo, porque me dejó muy impactado, fue que se me acercó y me dijo: ‘You are a star’. Yo, como no sé inglés ni nada, pues le debí decir ‘I like your cuadros’, o algo así, pero no pude hablar más por eso, porque no sé inglés».

La mayoría de los testigos de la época coinciden en afirmar que a Warhol le interesaba mucho más relacionarse con gente de la alta sociedad (que podía comprarle o encargarle cuadros) que con los artistas que podían quizá tener algo más que ver con él. Cuando se le pregunta a Christopher Makos sobre el asunto, explica con una sensatez aplastante que Andy Warhol era un artista que vivía de su trabajo. «Tenía que pagar sus facturas y, claro, intentaba conseguir encargos para retratos. Vivía de su trabajo. Pero también le encantaba empaparse del ambiente de las fiestas. Él no había estado nunca en España y lo vivía como una nueva experiencia y por supuesto que le encantaba estar rodeado de los artistas que iban a esas fiestas».

Una de esas artistas fue Ágatha Ruiz de la Prada, que allí conoció a Makos, con el que ha mantenido el contacto a lo largo de estos años. «Cuando vino Warhol», explica Ágatha, que llevaba uno de sus ya míticos trajes de aro para la inauguración/fiesta de Warhol, «yo acababa de exponer en Vijande. Si no recuerdo mal, mi muestra fue la inmediatamente anterior a esa. El recuerdo que tengo de él es que parecía de cera. Era como un muñeco. Con su peluca y el maquillaje que llevaba tenía un aspecto muy particular y también me parecía fantástico que se pasara todo el tiempo haciendo fotos a la gente, muy en la línea de su filosofía: la celebrity inmortalizando a los demás».

Ausencia de divismo. Efectivamente, Warhol mantenía su personaje las 24 horas del día. Y, como los grandes genios, tenía muy claro que el talento sin profesionalidad ni trabajo, sirve para poco. Blanca Sánchez, la mano derecha de Fernando Vijande y, entre otras cosas, comisaria de los recientes actos de conmemoración de la Movida madrileña destaca, sobre ningún otro aspecto, que lo que más le impactó de él fue la profesionalidad, capacidad de trabajo y falta absoluta de divismo. Que, pese a esa imagen de frivolidad que tenemos de él, era uno de los artistas más formales con los que se ha encontrado.

«Él sabía», explica, «que este era un viaje de negocios y que las cenas, las firmas de catálogos o las entrevistas formaban parte de su trabajo. Para hacerse una idea, por ejemplo, a nosotros habitualmente nos costaba lo suyo que los artistas de la galería firmaran los 50 catálogos que solíamos tener para los clientes. Llegó, preguntó cuántos tenía que firmar, le dijimos que 1.000 y ni se inmutó.

Pidió que alguien se los fuera abriendo, para no perder tiempo, y se hizo los 1.000 de una sentada. Después, no ponía ninguna pega si tenía una cena, una comida, una entrevista o una reunión. Cuando abrimos la galería para todo el mundo que quisiera se acercara a que le firmara cualquier objeto, estuvo horas y horas aguantando a la gente que literalmente se le tiraba encima y firmando todo lo que le ponían, desde un trozo de pan a un billete de metro.

Y en las cenas o comidas, que Fernando le había preparado, lo mismo: preguntaba quién era la persona que le invitaba, cuánto tiempo tendría que estar y allí iba, sin ningún problema. Recuerdo que en una de esas fiestas Fernando [Vijande] le dijo que no era muy apropiado ir en vaqueros. Se fue al Villamagna, se puso unos pantalones de vestir encima de los jeans y así se fue a la comida».

Efectivamente, si bien artistas como Gorka de Dúo o Alberto Schommer (que le fotografiaron), Maruja Mallo (con la que habló dos minutos en la inauguración de Vijande) o todos los ya citados, estuvieron cerca del pintor, él venía a hacer negocios y donde más tiempo pasó fue en casas de las grandes familias madrileñas. De la alta sociedad más moderna y aficionada al arte. Los March y los Hachuel por supuesto que fueron anfitriones en las dos grandes fiestas, pero también los Arango o Ignacio Coca y su mujer Silvia Moroder, por ejemplo, que le invitaron a comer en su casa y de aquella relación surgió la idea de hacerle un retrato a ella.

Pitita Ridruejo también estuvo en la fiesta de los March y fue una de las personas que más contacto tuvo con él. «Mi marido y yo teníamos bastante relación con Warhol porque le habíamos conocido en Nueva York», cuenta Pitita Ridruejo a Magazine. «Aquí estuvimos con él en la fiesta de Juan March y después yo quedé para entrevistarle para Tiempo, porque Julián Lago me pidió que, ya que le conocía, le hiciera una entrevista. Mi hija me acompañó y fuimos al Villamagna, donde se alojaba. Cuando llegamos tenía todos los muebles de la habitación tirados por el suelo. Pero nosotras entramos como si fuera lo más normal del mundo. Nos sentamos en el suelo y le hicimos la entrevista.

Sus respuestas eran geniales, muy ingeniosas, pero la verdad es que no tenían mucho que ver con lo que se le preguntaba, pero daba igual. Al terminar me preguntó si había hecho muchas entrevistas en una habitación como esa, con todo tirado, y yo le dije que no. Él me replicó entonces que por qué no le había dicho nada y le dije que a mí lo que me importaba era la entrevista y que me daba igual cómo estuviera el mobiliario.

Después seguimos viéndonos y siempre que íbamos a Nueva York le visitábamos en la Factory. Me propuso que hiciera entrevistas para su revista Interview desde Madrid, pero a mí me pilló en un momento en el que íbamos a vivir fuera de España y no pude hacerlo. De lo que me arrepiento es de que no me hiciera un retrato. Fui dejándolo pasar, no se me ocurrió y no pudo ser».

Con Ana Obregón. Otra de las personas que estuvo en la fiesta de los March y que después siguió en contacto con Warhol fue Ana Obregón. «En la fiesta estuve un momento con él, aunque había mucha gente y no hablé demasiado. Pero se quedó encantado conmigo y después coincidió que fue cuando me fui a vivir a Nueva York y Javier Vallhonrat me hizo una sesión de fotos que se publicó en Interview. De vez en cuando nos vimos en la Factory», declara.

Pero además de fiestas, cenas, comidas y firmas en la Vijande, Warhol tuvo tiempo para dar alguna vuelta por Madrid. Una tarde la dedicó a pasear, guiado por el secretario de Juan March, Vicente Carretón, por las tiendas religiosas del centro de Madrid.

La iconografía católica le llamaba muchísimo la atención y quería ver las estampas de santos, las casullas y todos aquellos objetos, que le encantaron. También estuvo probándose capas en la emblemática tienda Seseña. Ese tipismo español: la mezcla entre la religión y el apasionamiento era un elemento que atraía especialmente a Warhol de España.

Esa idea estaba presente en la muestra de Vijande, donde las cruces, las pistolas y los cuchillos tenían mucho que ver con ese carácter pasional y lorquiano que a él le parecía la esencia de España. Por eso quiso visitar Toledo y también le llevaron a Chinchón (localidad a las afueras de Madrid), donde, como un turista más, firmó en uno de los barriles de La Taberna del Vino.

Pero una de las visitas que el artista multidisciplinar no quería perderse era la del Museo del Prado. Representaba uno de los sitios que más interés tenía en conocer y al que más insistió en que le llevaran. «Al día siguiente de la fiesta con los March», explica Luis Antonio de Villena, «le acompañamos al Museo del Prado. Al llegar preguntó por la tienda del museo, donde vendían tarjetas y guías.

Fuimos allí y estuvo un buen rato mirando las tarjetas con las reproducciones de los cuadros que había dentro. Compró algunas, entre ellas una de un bodegón de Zurbarán, creo recordar, y cuando al fin le dijimos: «Bueno, ¿entramos ya?», nos contestó: «No, no, ya lo he visto. Es maravilloso, es un museo magnífico, me ha encantado».

Yo Warhol, tú España: 9 días que revolucionaron la alta sociedad
Isabel R. Alcón; Vanity Fair, 26 de Febrero de 2016

Quienes hayan visto la película de Luis García Berlanga Bienvenido Mr. Marshall recordarán cómo los habitantes de Villar del Rio se preparaban para recibir al famoso George Marshall vestidos de andaluces y cómo éste (junto a su famoso plan de recuperación) pasaba de largo dejando a la población triste y cabizbaja. Treinta años después de que se estrenase esa película, sucedió algo parecido en Madrid aunque en un entorno más colorido, plagado de hombreras y peinados arquitectónicos y con un final menos triste. Nos referimos a la visita a Madrid de Andy Warhol.

Madrid, enero de 1983. En un país que comienza a descubrir la modernidad (mientras se recupera, con resaca, de Naranjito y el Mundial de Futbol), Fernando Vijande, un galerista que revolucionaría el panorama artístico español, decide organizar una exposición de obras de Andy Warhol "Pistolas, cuchillos y cruces”. Warhol, el artista Pop más famoso de todos los tiempos, viajará hasta Madrid para inaugurar la exposición y pasar nueve días en la capital. Tiempo en el que se sucederán cenas, fiestas, sesiones de fotos, situaciones absurdas y recepciones que reunirán a lo más granado de la modernidad con aristócratas, artistas y celebrities. Una mezcla explosiva que aún hoy se recuerda.

Alaska, Carlos Berlanga, Bernardo Bonezzi, Pérez Mínguez, Almodóvar y McNamara, Ana Obregón, Ágatha Ruiz de la Prada, Alberto Schommer, Pitita Ridruejo, Isabel Preysler (entonces Marquesa de Griñón), Carlos Martorell, el actor Luis Escobar y empresarios como Hervé Hachuel o los March, entre otros, protagonizarán una serie de encuentros con Warhol que supusieron la “consagracion definitiva de la modernidad madrileña” tal como afirmaría tiempo después Rafa Cervera en su libro Alaska y otras historias de la movida (Plaza & Janés).

El impacto de esa visita ha pervivido hasta hoy. Estrellas de Warhol, es un documental, aún en producción, que intenta dar las claves de lo que fueron aquellos días. Su director, Rubén Salazar, ha entrevistado a muchos de los que en aquel momento estuvieron con Warhol y explica que “la mayoría recuerda muy bien las fiestas que se organizaron, en las que hubo una mezcla curiosa de artistas de la, ahora, denominada Movida Madrileña y aristócratas. Además coinciden en señalar que la alta burguesía buscaba la afinidad y el divertimento que esas nuevas generaciones podían aportar a sus (quizás) aburridas vidas.”

Continúa explicando Rubén que “casi todos destacan que Andy no tenía ni idea de qué era España, y que tampoco la gente tenía a Warhol como adalid del arte moderno”. Por otro lado, el director observa que “se trató de una visita que partía del encumbramiento; la figura de Warhol estaba por encima de su arte”. Y así debió de ser porque, pese a las 100 pesetas que costaba la entrada, la exposición fue un auténtico éxito y el 17 de enero la Galería Vijande se llenó de fans y curiosos que directamente se abalanzaban sobre Warhol para que les firmara un autógrafo como relató entonces el diario ABC. Tanto es así que "los vecinos del portal colindante con la galería aún recuerdan la muchedumbre y las pintas de los allí convocados", como recuerda Salazar.

Pero Andy Warhol no quería perder el tiempo. Estaba en Madrid y había venido a la capital “por trabajo”, a hacer negocios. Y para ello necesariamente tenía que relacionarse con gente de alto poder adquisitivo más que con artistas. En el prólogo de su libro Patty Diphusa (Ed. Anagrama) Pedro Almodóvar llegó a decir: “Lo que más le interesaban eran las marquesas y gente así a ver si le encargaban algún retrato, pero creo que ninguna picó”.

Por su parte, Carlos Martorell, relaciones públicas y la persona que promocionó a Warhol en España desde finales de los setenta, nos recuerda que al artista en aquellos años lo conocía muy poca gente: “Ofrecí a grandes fortunas la posibilidad de que Andy les retratase, pero todos se negaron. Ahora se tiran de los pelos.”

Una persona que sí retrató a Warhol (y no al revés) fue el desaparecido Alberto Schommer. Rubén Salazar confirma que “consiguió citarle para fotografiarle, en una sesión que se planteaba secreta pero que, el también fotógrafo, Pablo Pérez Mínguez consiguió inmortalizar colando su objetivo por un agujero del estudio.” “Durante la sesión” continúa, “Andy se mostró vanidoso, con interés en dirigirla; Schommer se enfrentó, en el terreno artístico, y, cuando Warhol quiso darse cuenta, tenía ya una tela por encima de su hombro y una brocha en una mano para que simulara pintar una inacabada bandera norteamericana. Warhol recibió una copia del trabajo de Schommer, fue cortés y se mostró admirado por el trabajo, pero nunca más volvieron a contactar.”

Rubén Salazar también recuerda otro encuentro curioso: el de Warhol con Pitita Ridruejo y comenta que ella, “tuvo la oportunidad de entrevistar a Warhol en el Hotel Villa Magna. Se citaron para merendar y, al llegar a la habitación se encontraron la puerta abierta y los muebles por el suelo. Pitita, acompañada de su hija, esperó allí mismo; al rato se asomó Andy y le espetó que todo lo había hecho para observar la reacción. Acabaron haciendo la entrevista sentados en el suelo de la habitación.”

De entre todos los anfitriones que aquellos días se esforzaron por hacer de la visita algo único, los March y los Hachuel fueron los organizadores de las fiestas más recordadas. Carlos Martorell afirma que “en el cocktail que ofreció Manolo March se dio una mezcla de gente de la sociedad madrileña: aristócratas, empresarios, jetset, artistas y modelos. La desaparecida revista Garbo publicó un reportaje donde dieron más importancia a Isabel Preysler que a Warhol, porque los lectores no tenían ni idea de quién era Andy. Para colmo, yo aparezco en una foto hablando con Isabel (Preysler) entonces Marquesa de Griñón y con María Eugenia Fernández de Castro, entonces Condesa de Siruela, y Garbo, en el pie de foto, puso que era Mila Ximénez, la futura esposa de Santana. Este era el nivel...”.

María Eugenia Fernández de Castro también recuerda la anecdota con buen humor, así como aquella noche en casa de los March: “Warhol estuvo durante la cena sentado junto a mí, del otro lado estaba Pitita. Era un personaje fascinante, todo lleno de relojes... Me chocó mucho que nadie se le acercara ni hablaran con él.” Quien sí intercambió algunas frases con el artista fue Pedro Almodovar. María Eugenia reproduce la frase que el manchego le dirigió: “Many people say that I copy you” ("Mucha gente dice que te copio"), algo que dejó sorprendido a Warhol. “Era una época en la que todo era fascinante”.

Para Ágatha Ruiz de la Prada, durante aquellos días, “Madrid fue una fiesta”. La diseñadora conoció a Warhol en la Galería Vijande y cuenta que “se convirtio en su gruppie toda la semana”. De Andy recuerda su piel y su pelo: “Era como de cera, totalmente irreal” y confiesa que le impresionó “que llevaba jeans debajo del smoking y que no paró de sacar fotos”. El evento de despedida corrió a cargo del empresario y financiero Hervé Hachuel, dueño de la productora Tesauro, quien montó una fiesta en su casa de Puerta de Hierro que contó con un cuadro flamenco que fue seguido de las actuaciones de, entre otros, Dinarama+ Alaska y unos improvisados Almodóvar y McNamara.

Aunque parezca imposible, Andy Warhol también tuvo tiempo libre esos días. Y lo aprovechó para pasear por Madrid y sus alredores, recorrer tiendas de imaginería religiosa, probarse capas en Seseña y visitar el Museo del Prado, como relató Luis Antonio de Villena en su libro Madrid ha muerto (Ed. Planeta), donde tuvo suficiente con comprase unas postales y no quiso entrar pese a haberse mostrado en todo momento ilusionado por ir a verlo.

Parafraseando el final de la película de Berlanga con la que comenzábamos esta historia, “bien pudiese ser que este cuento tuviese otro final” pero los días pasaron y todo acabó: Andy Warhol abandonó Madrid y falleció cuatro años más tarde. La sociedad madrileña siempre recordaría esa visita que, paradójicamente, no pasó de ser algo absolutamente anecdótico para Warhol: no hizo ni una sola mención a esos días en sus Diarios y jamás volvió a pisar España.

[Redacción Nuevaola80. Pedro J. Pérez]