Manuel Arjona, miembro de la primera formación del grupo español Locomía, ha muerto este miércoles según han confirmado a EL PAÍS fuentes próximas al artista. Arjona tenía 58 años y aún se desconoce la causa del deceso. Vivía en Viladecans, Barcelona. Según las mismas fuentes, “estuvo pintando” durante el día y luego “se acostó y ya no se levantó”. Otros componentes del grupo fallecieron jóvenes: en el verano de 2018 y solo con un mes de diferencia murieron dos locomías, Santos Blanco y Frank Romero, ambos de 46 años. Ninguno de ellos fue tan trascendental en la historia del grupo como Arjona.
La historia de Locomía es una de las más truculentas y sensacionales del pop español, un relato que contiene sexo, traiciones, drogas, peleas, muertes, mucho éxito y caída a los infiernos. La idea del grupo surgió de Xavier Font, un chico de una familia bien de Barcelona con una imaginación disparada. En 1984 se instaló en Ibiza buscando “una tribu urbana”, señaló Font a este periódico en mayo de 2022, cuando Movistar Plus estrenó el documental Locomía. “Yo soy un cazatalentos. Veo artistas en potencia. Soy un puto fantasy maker. Así fue como empezó Locomía”, indicó Font.
Y aquí es donde entró la figura de Manuel Arjona, un joven de una familia conservadora con 10 hermanos. Arjona, gay, vivía en un municipio medio, Viladecans, ocultando su identidad sexual. Cuando llegó a la isla enloqueció de libertad. “Aterricé en Ibiza y me pareció otro planeta. Yo venía de un pueblo pequeño, donde tenía que ocultar mi identidad sexual. Y en la isla si eras un chico e ibas con falda no te miraba nadie. Fue un cambio salvaje”, aseguró a EL PAÍS. Era mediados de los ochenta.
Xavier Font, el cerebro y el mayor, tenía un gran poder de seducción y logró conformar un cuarteto a sus órdenes: Gard Passchier, un holandés que había conocido en la isla; su hermano Luis Font y Arjona. El cabecilla mantenía una relación sexual tanto con Passchier como con Arjona.
Los cuatro se instalaron en una casa en Ibiza. Diseñaban sus llamativos modelos e iban a la discoteca de moda, Ku. Pronto empezaron a llamar la atención. Los dueños vieron un filón y les contrataron. Les pagaban un millón de pesetas al mes (6.000 euros de los ochenta). Su trabajo consistía en subirse a unas plataformas y bailar, exhibirse, coquetear.
Entonces Font pergeñó el número de los abanicos, su gran seña de identidad. Se inspiró en un grupo que vio en un local de ambiente de Sitges: “Llevaban unos abanicos pequeños y aprecié un movimiento que me cautivó. Llegué a mi casa y empecé a construir. Como soy un exagerado me inventé los abanicos XXL. Conseguí el movimiento con nueve varillas que cogí del material de uno de mis hermanos, que trabajaba en aeromodelismo. Hice unos agujeros y utilicé las sábanas de mi madre”. Así creaba el fantasioso Font.
La actitud desinhibida del cuarteto encajaba con la imagen que quería dar España con el primer gobierno del PSOE de Felipe González: un país moderno, abierto a todas las tendencias después de años de opaca dictadura y tras la esperanzadora Transición. La Movida ya triunfaba en todo el país y Locomía tenía su sitio en aquella fiesta, más si operaba desde la hedonista Ibiza.
Pero la vida excesiva comenzó a golpear al cuarteto después de cuatro años cobrando un buen caché en las discotecas ibicencas. Se rompió por el lugar más débil, el sensible Manuel Arjona, que comenzaba a tener problemas importantes con las drogas. A Arjona le convenía dejar ese entorno tóxico y el grupo abandonó Ibiza. Aún le quedaba lo mejor a esta peculiar agrupación. Entró en juego José Luis Gil, un experimentado cazatalentos musical que había trabajado con Miguel Bosé, Enrique y Ana, Rafaella Carrá, e incluso grupos de la Movida como Nacha Pop o Alaska. Gil les propuso formar un grupo musical a un cuarteto que hasta ese momento básicamente eran bailarines que animaban discotecas.
Gil dio con la tecla y las primeras canciones fueron un bombazo: Locomía (con su célebre: “Disco, Ibiza, Locomía, moda, Ibiza, Locomía, sexy, Ibiza, Locomía”), Rumba Samba Mambo o Gorvachov. En aquella época realizaron una actuación en la sala madrileña Joy Eslava que se convirtió en un acontecimiento para recordar en muchos años: una concentración de público homosexual actuando con irreverencia y libertad.
En pleno éxito, también en Latinoamérica, las personalidades de Font y Gil chocaron. Arjona, como casi siempre, estaba en medio, indeciso. Font convenció a los otros tres del grupo para romper el contrato discográfico y de representación con Gil. “Fuimos unos desagradecidos con Gil. Fue un gran error incumplir el contrato. Eso acabó con el grupo. Éramos cuatro niñatos que nos dejamos embaucar por Font”, dijo Arjona en 2022.
A mediados de los noventa el fenómeno Locomía se apagó, asfixiado por demandas y amenazas entre discográficas y representantes. El chiste ya no hacía tanta gracia. Hubo cambios de miembros de forma constante, pero Arjona fue el más involucrado, junto a Xavier Font, que siempre estuvo al mando. Con algún paréntesis, Arjona permaneció en Locomía 35 años. En 2022 reflexionaba: “Me he sentido utilizado por Font. Para él, Locomía es solo un negocio; para mí es trabajo, pero también mi vida. La historia de Locomía es un trabajo grupal; sin la aportación de todos no se hubiese conseguido. Hace cinco años lo tuve que dejar porque no me compensaba y debía cuidar a mis padres”. Font fue condenado en 2012 por tráfico de drogas a tres años de reclusión. Encontraron en su casa pastillas de éxtasis. Pasó tres meses en prisión y consiguió el régimen abierto por buena conducta: libertad durante el día, pero debía dormir en un centro barcelonés. Quedó libre en 2015.
La popularidad del documental de Locomía de Movistar Plus impulsó a Font a resucitar el grupo con otros miembros. Arjona ya no tenía ganas. Se retiró a su pueblo con sus padres para llevar una vida tranquila dedicada a una de sus pasiones, la pintura. Hasta hace unas horas. Contactado por este periódico, José Luis Gil, que se comunicó con Arjona la última vez el día del cumpleaños de este, el pasado 21 de marzo, señala: “Manuel Arjona era un gran ser humano, el espíritu elevado de Locomía, la elegancia bailando y la timidez dulce y bondadosa como persona. Todos le recordarán por ello”.
[Fuente: Carlos Marco para el pais.es -Enlace original-]
