25 dic. 2013

Germán se marchó hacia Carabás con un chupito de amor, su colección de moscas y una pícara y luminosa sonrisa en los labios, por Fernando Martín

Foto: Mercedes González
Vaya por delante que me toca los cojones la mitificación de los amigos que se fueron. Ni mi hermano, ni Julián, ni ahora Germán fueron Jesucristo, Evita, John Lennon o Freddy Mercury. Eran seres humanos de una divina imperfección que algunos sabían o supimos captar mientras estaban en vida. Por eso no necesitamos que “entren en la inmortalidad” para saber que su estela vital era poderosa cuando habitaban en este mundo y nunca se disipará mientras haya un congénere dispuesto a hacerle un hueco en su memoria. Pero, amigos, es que además están las canciones… Sagrados recordatorios de quienes construyen emociones indestructibles más allá del tiempo.

Germán Coppini no era un santo. Ni puta falta que le hacía. Era un cúmulo de contradicciones que tiraban de él en varias direcciones a un tiempo. Estaba el Germán insumiso de los tiempos de Siniestro Total, escurridizamente gamberro y con retranca que podía ser escupida a la cara de los espectadores en devolución a aquellos lapos míticos de la Era del Ayatolla. Pero ese Germán convivía con el introvertido, el existencialista, el agridulce poeta de Golpes Bajos, capaz de arrugarte el alma con aquella historia de la cena recalentada. También había un Germán apasionado y romántico, el gran crooner que siempre le faltó a este país, capaz de flirtear con las músicas latinas y el tic tac de las maquinitas para dar un amable y preciosista personal barniz a los boleros o el swing ligero; el adorable Germán de Carabás. Como no, estaba el Germán experimental de Lemuripop o el que colaboró con Maga; un Coppini que negaba el poder al reloj, poniéndose al frente de la contemporaneidad para asombro de los más jóvenes, que se veían asimismo rindiendo pleitesía a aquel totem de los 80 pleno de incomprensible vigencia.

Yo conviví con dos Germanes que eran uno: el de la gran sensibilidad social y política que se ponía siempre e indefectiblemente del lado del que menos tiene, de aquella América herida que tanto le cautivó, llena de injusticias y esperanzas; el que abrazó los poemas de Brecht con la unción del creyente más fiel. Ese Germán cohabitaba como un ser bicéfalo con el cantante de rock barrial que también le hubiera gustado ser, personaje que el admiraba y cuya chupa de pseudo cuero barato se hubiera calzado para revivir historias de los 70, en la que las sombras de los desposeídos venían “del otro lado del río”. Bueno, miento, también ocupé espacio vital con ese Germán dispuesto a seguirme en la correría musical más loca. Como por ejemplo, encarnar –pelucón rubio incluido- junto a un servidor el dúo Los Pecos e interpretar “Acordes” para susto y descojone del respetable, como evidencia el siempre indiscreto youtube. También aquel era Germán Coppini.

Todos esos Germanes ahora han cogido el transporte a la otra dimensión; y como siempre, desapareciendo sin avisar, de modo que sus amigos nos encontraremos dentro de poco diciéndonos unos a otros “¿Sabes algo de Germán?”; lo haremos sabiendo que olvidamos, como en un juego infantil, que Germán se marchó hacia Carabás con un chupito de amor, su colección de moscas y una pícara y luminosa sonrisa en los labios. Pásatelo bien allí, amigo. Te lo mereces.

Fernando Martín, mañana de Navidad de 2013.



Acordes (Ausente de ti) - Germán Coppini y Fernando Martín.
LA COCTELERA SONICA 14/02/12 Siroco

[Fernando Martín. Nuevaola80]

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