25 nov. 2019

'El último clásico', un traje a la medida del irreverente señor Sanz

Desglosaba recientemente Lauren Jordán, con gran acierto narrativo y naturalidad, en un artículo leído en Nuevaola80, las dotes gestoras de Loquillo (aka José María Sanz) y su fehaciente capacidad para labrarse una carrera de fondo del todo infrecuente en la música española. Quiero, con el pretexto de verter mis impresiones acerca del nuevo disco, ahondar un poco en uno de los aspectos que esboza y esgrime Jordán y centrarme, como cabecera, en los compositores de los que se ha nutrido Loquillo desde sus inicios y que no hacen sino corroborar la habilidad mostrada por el gigante de El Clot para no perder ni un ápice complementario de concatenación ni con la (culta y racional) imagen personal ni con la que muestra subido al escenario.

Loquillo ha cantado canciones de Sabino Méndez, de Gabriel Sopeña, de Carlos Segarra, de Igor Paskual, poemas de Octavio Paz, Pablo Neruda, Gil de Biedma, Luis Alberto de Cuenca ... lo más granado en suma del "avant garde" cultural, no necesariamente rockero, de la lengua castellana, lo que procedía en el avance evolutivo del momento con el que se publicaba cada uno de sus discos, dotándolos de un patrimonio de exclusividad, unas veces cíclico y otras no tanto y siempre desdoblado en las facetas del rock o crooner a la más pura esencia de lo que hicieron Johnny Hallyday en Francia o Adriano Celentano en Italia por citar dos ejemplos.

Agoniza el 2.019 y el escenario no es el que era, el ritmo frenético de los acontecimientos sociales, la recesión de la industria discográfica y, sobre todo, los gustos del público requerían una vuelta de tuerca y Loquillo, una vez más, ha sabido coger la llave de hacerla dejándose rodear por las letras, vuelvo a insistir en la composición, de iluminados del pop patrio contemporáneo (Leiva, Santi Balmes, Marc Ros) e incluso por las del enfant terrible de la novela negra (y a pesar de ello, poeta) Carlos Zanón, no hay mejor manera de dotar de atemporalidad al rock and roll que arrimarse a los juglares de la actualidad vigente, admirados, sobrados de talento y de una u otra forma cercanos a las generaciones actuales, que vieron como sus padres tenían como referencia rockera al ex-baloncentista, sin perder la fidelidad a su manera habitual de hacer las cosas, en la búsqueda constante de la perfección.

"El último clásico" es el resultado discográfico de una premeditación, léase en sentido positivo del término, un disco crudo, misceláneo, aséptico, gracias a la excelente producción de Josu García, y glamuroso a la vez, de modales clásicos por momentos y, por más que subliminalmente el Loco abomine de la postmodernidad en modo lumpen, de rock moderno por otros, de difícil escucha para los que no van más allá de los éxitos clásicos de Loquillo y poco apto para los que no supieron valorar en su justa medida "Viento del Este", con el que noto cierto hermanamiento conceptual.

Envuelto en una impactante e interpretable foto de portada con toda la elegancia que permite el porte y con el fuego como telón de fondo, el disco empieza con una composición de Luis Alberto de Cuenca, "Los buscadores" , sigue con "Somos lo que defendemos" y termina con "El resucitado", composición de Santi Balmes, tres temas de potente instrumentación eólica y con cierto regusto a rock adulto americano tipo John Hiatt.

En medio, momentos sublimes como los de "El último clásico", letra de Igor Pascual que da título a todo el álbum y que recuerda poderosamente, para bien, a "Feo, fuerte y formal", la magnífica "Creo en mi" todo un prodigio de chulería e irreverencia y la excelsa "La reina del Raval" un pildorazo compuesto por Marc Ros y que le viene como anillo al dedo a las dotes interpretativas (y emocionales) del Loco pero, en cualquier caso, el resto de canciones raya a gran altura y no desmerece el global del trabajo.

A nivel global y como cúlmen, insisto en lo poco adecuado que resultarían las comparaciones con otros discos de la amplia (y poliédrica) discografía de Loquillo, solo cabe decir que estamos ante un gran disco de rock and roll, de los que se hacen pocos en España, con entidad independiente, un traje a la medida irreverente del señor Sanz, con una poderosa carga narrativa en la que permanece el mesianismo como elemento expresivo de las experiencias vitales y por, tanto, disfrutable cien por cien como bien cultural, aunque siempre fluirá la incógnita de si, tratándose de Loquillo, aún los puede hacer mejores.

Tracklist:

01. Los buscadores
02. Somos lo que defendemos
03. El último clásico
04. Lo importante es amar
05. Gafas de sol
06. Los sonidos son ideas
07. Como un nada
08. Creo en mí
09. La vampiresa del Raval
10. El resucitado

[Redacción Nuevaola80. Aurelio Sánchez]

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