28 dic 2020

Técnicos, montadores, conductores... la parte invisible del "show" abocada a una cuestión de supervivencia

En algún momento, durante estos meses de pandemia, vi aparecer en Facebook otro de esos diseños para añadir sobre la foto de perfil. Era un tampón rojo con la palabra MUTE, acrónimo de Movilización Unida de Trabajadores del Espectáculo.

Hacía referencia al intento desesperado respecto a que se les prestara la atención necesaria a los profesionales que confluyen en el mundo del espectáculo, desde tramoyistas a técnicos de sonido, desde editores de video a montadores de escenario, pasando por un largo listado de trabajos fuera de foco sin los cuales la cultura audio visual no podría brillar finalmente ante los diferentes tipos de público.

Conductores, roadies, apuntadores o técnicos de luces (entre otros) se han encontrado con que las actuaciones se cortaron en seco y ahora sólo son diana de la desidia de los diferentes gobiernos autonómicos, empezando por el estatal. Quienes tenían el año anterior 125 bolos, éste lo cerrarán (con suerte) con 20. O quedarse en facturar el 3% del año anterior. Y, en el caso de los técnicos, se enfrentan además a una de las situaciones más insólitas que se puedan encontrar en el mercado laboral, no es lo normal que se llame intermitentemente a un trabajador para decirle cuántos días trabajará y a qué precio variable, sí o sí.

A esa acostumbrada y permanente inseguridad se ha unido ahora el parón preventivo por el miedo a la expansión de la pandemia y muchos dudan que pueda reconducirse la situación incluso a medio plazo.

En principio, las ayudas fueron tan bien pensadas que, a según quién, le correspondieron 83 euros al mes... convendremos en que “pitanza” no es la palabra más precisa que se podría usar para definirlas, aunque rima con la más ajustada, que me ronda por la cabeza. Hasta este mes de noviembre pasado no se publicó un Real Decreto que "complementaba" las ayudas al sector cultural.

Y me pregunto: ¿Se podría decir: “tarde, pero bien pensado”? Pues es como el peinado de Rodríguez Sahagún, “sahagún” se mire, porque buena parte de esa ampliación del subsidio caduca justo el 31 de Enero de este año que entra, 2021.

También recuerdo ahora el asombro que sentí cuando, al azar, leí sobre este tema en un chat. Una pija negacionista de teñido supercuqui se burlaba de ellos, entre el plauso de sus compinches, afirmando: “son cómplices y están vendidos al gobierno, éstos lo que buscan es una paguita”. Admirado ante la profundidad del análisis, no puedo evitar preguntarme hasta qué punto se llega a comprender lo tradicionalmente débil que es ese sector, al que ningún político de ningún partido se ha atrevido a plantear ordenamiento más allá de vaguedades biensonantes.

Personalmente, creo que es una asignatura pendiente desde la propia llegada de la democracia y esta crisis económica motivada por el virus podría dar un golpe durísimo a la propia estructura de funcionamiento. Y supongo que esa niñata filósofa no englobaría también a los que ya están en las colas de Caritas, pero vaya si existen.

Sin llegar a esos extremos, estamos ante la incógnita de cuántos de esos aproximadamente 35.000 artistas y profesionales -en este año de criba salvaje que se nos viene encima- dejarán sus trabajos.

Quizá indefinidamente.

Ah, la palabra es “vergüenza”, pero como no hay de eso…


[Redacción Nuevaola80. Teo Serrano]

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