13 nov. 2013

Rosa gris, mirada dulce y labios de cristal... Duncan Dhu en el Price de Madrid

Foto: Javier Bernal
Doce años después de su separación, Mikel Erentxun y Diego Vasallo, Duncan Dhu, volvían a subirse juntos a un escenario. Por segunda noche consecutiva el público madrileño abarrotaba el Teatro Circo Price, una plaza injustamente olvidada por muchos artistas, pero que ofrece un formidable espacio para disfrutar de la música como pocos emplazamientos de la capital, tanto por tamaño como por acústica.

No se hicieron esperar demasiado, aunque supongo que a muchos de los asistentes ese cuarto de hora de retraso se les hizo eterno, casi más que los doce años de ausencia de la banda.

Mientras sonaba "Girl from the north country" de Dylan, hacían su aparición en el escenario los componentes de la banda, formada por Joseba Irazoki en la guitarra, Carlos Arancegui a la batería, Mikel Aspiroz en los teclados y coros, Fernando Macaya en la segunda guitarra y steel guitar, y por supuesto Diego Vasallo en voces, armónica y bajo, y Mikel Erentxun a la voz y guitarra acústica.

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero siempre existe la excepción que confirma la regla, y esta es una de ellas. Estos años de separación han servido para ver una banda con mucha más madurez, experiencia y solidez encima del escenario. Abrieron el concierto con una de las canciones del nuevo Ep, "Cuando llegue el fin", con banjo incluido, muy buen sonido, compacto, alejado de las melodías pop más fáciles que el público en general recuerda cuando le viene a la mente el nombre de Duncan Dhu.

Más cerca del country rock y el folk se fueron sucediendo temas del nuevo disco como "No dejaría de quererte", "El duelo", entremezcladas con temas antiguos quizás de los menos emblemáticos de su carrera, pasados por el filtro de ese nuevo sonido más sólido, envueltos con el aura de la steel guitar, a los que han dado una segunda juventud, otra vuelta de tuerca, como "A tu lado", "A tientas", "Nada", "Siempre", "Rozando la eternidad", "Como dioses pequeños".

Encima del escenario mientras la banda desgranaba uno a uno los temas elegidos para esta gira, se distinguían dos fases, dos polos opuestos, dos mundos distintos pero complementarios y necesarios. Por un lado la luz, la inquietud, el entusiasmo, el desenfado de Mikel Erentxun, contrastando con la sobriedad, la languidez, la timidez, la oscuridad de Diego Vasallo, ensimismado en su bajo, mostrando sus fabulosas aptitudes con la armónica, y deleitando al personal embobado, recordando a Johnny Cash o Tom Waits, con su voz ronca, rota, profunda, como un susurro en canciones como "Lobos", "Los días buenos" o "Llora guitarra". Desde luego lo que no se puede negar es la fastuosa capacidad compositora de Diego Vasallo, hay que quitarse el sombrero ante uno de los mejores letristas de este país, que tiene gran parte de culpa de que Duncan Dhu haya llegado hasta aquí después de tantos años de carrera.

Aproximadamente a la hora de concierto se produjo un punto de inflexión con "Una calle de París", que sirvió de catapulta a algunos de los éxitos de la banda, lo que produjo un gran regocijo entre el público, que ardía en deseos de escuchar los grandes hits de la banda, siempre alentado por el carismático Mikel Erentxun.

Mikel estuvo muy locuaz toda la noche, muy cercano al respetable, se le notaba a gusto y disfrutando con esta gran celebración. Aprovechó en varios momentos del evento para ensalzar el gran trabajo de la banda, pero sobretodo la gran labor letrista de Diego Vasallo, como por ejemplo en "La última canción", de la que dijo es la mejor canción escrita por Diego en toda su carrera, ahí es nada.

El público no cesaba de corear las canciones del grupo, acompañadas de eternos aplausos. Sonaron "La casa azul", "No puedo evitar pensar en ti", "No debes marchar", "Entre salitre y sudor", "Rosa gris" con Diego a la voz, "Palabras sin nombre" (éstas últimas las favoritas de un servidor) y se marcharon con un público entregado cantando "En algún lugar".

Con el respetable ya metido en el bolsillo volvieron para tocar en una segunda tanda más canciones inolvidables como "La barra de este hotel", de la que Mikel dijo estaba influenciada por la música de Elvis de finales de los 60, "...cuando vestía de blanco, pero aún no estaba gordo...", y que como desgraciadamente pasó con muchos otros grupos y discos, la canción tal como se grabó en su día no era lo que ellos esperaban o habían pensado, pero ya sabemos que por entonces las compañías discográficas hacían y deshacían a su antojo. Lo que sí pudimos disfrutar es de un Mikel Erentxun enloquecido al final del tema lanzando su guitarra, y bailando al más puro estilo rockabilly.

Sonaron unas rejuvenecidas "Cien gaviotas", "Esos ojos negros", "La herida", antes de volver a marcharse, aunque no tardaron mucho en reaparecer, pues el público al unísono se había arrancado a cantar "Esos ojos negros", uno de los momentos mágicos de la noche, de los que se te ponen los pelos como escarpias, la gente seguía cantándola incluso con la banda de nuevo en el escenario.

Para poner el broche de oro a una noche inolvidable se despidieron con "Jardín de rosas" y "Mundo de cristal" tras casi dos horas y media de concierto , donde demostraron que su regreso no atiende a motivos económicos ni nostálgicos, sino que han demostrado que detrás de este espectáculo existe un trabajo y un esfuerzo por crear nuevos temas y actualizar otros de antaño, pero que siguen haciendo disfrutar a gente de varias generaciones.

Duncan Dhu, Teatro Circo Price (Madrid). 10 de Noviembre de 2013.
[Javier Bernal. Nuevaola80 Madrid]

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