19 jun. 2014

Cuando fuimos los mejores

En un mundo absorbido por los entes digitales y la vulgaridad de la inmediatez fotográfíca, surge como un Ave fenix el trabajo de los grandes precursores de la noble y sincera fotografía. El legado de la vieja escuela, la mirada analógica de los grandes artesanos del microfilme.

Yann Mercader, nos obsequia con esta joya, pulcro testimonio de alto interés para los seguidores de Loquillo y Trogloditas, para acérrimos a la crónica del rock and roll estatal y para aquellos aficionados a la fotografía histórica musical.

Desde la factoría Quarentena Ediciones, en una edición coordinada por Mariano Muniesa, nos llega este excelente documento visual en formato de lujo. Una presentación bien cuidada que hace, si cabe, más opulento el proyecto. Tapada dura, papel satinado, a todo color… todo ello apoyado con acertados textos de Mariano Muniesa y Silvina Pratt, con el emotivo sentimiento escrito de su hermano Gay Mercader y con el impoluto y nostálgico texto del propio Jose María Sanz, Loquillo.

Me encantan este tipo de obras donde la sensibilidad hace que la elaboración de la obra esté por encima de trivialidad y vulgaridad, convirtiéndola en un tesoro de edición limitada, acto para curiosos de buen gusto.

Sin omitir al protagonista de esta joya, y en la obligación de recordar el trabajo de Yann, os diré que desempeñó su labor como fotógrafo entre los años 70 y 90 para algunas de las principales revistas musicales de aquel momento como Vibraciones o Disco Exress. Supo captar a través del objetivo de su cámara, el fulgor y la irradiación de grupos y artistas como Johnny Thunders, Lemmy (Motörhead), Jamiroquai, AC/DC, Metalica, Nina Hagen, Macaco… y los homenajeados en este libro, Loquillo y Trogloditas.

El período comprendido y fotografiado de estos últimos, se remonta a la época del disco “Mientras respiremos”, una etapa que cerraría unos convulsos años, lacrados con excelentes cortes como “El hombre de negro”, “Maldigo mi destino”, “Balada para un viejo sombrero” y la gloriosa composición “John Milner”. Desde este punto de transición, Loquillo daría apertura al hallazgo de un nuevo camino, un reencuentro con su propio yo, un refugio en la poesía; pariendo desde sus entrañas su disco en solitario “La vida por delante”.

No es ni más ni menos que una obra de honrados textos, letras que acarician la expresión de un hidalgo de la fotografía, de un artífice que con su máquina congeló, un momento, un instante, un suspiro.

[Redacción Nuevaola80. Lauren Jordan]

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