19 jul. 2020

Virus y acordes en el Regreso al Futuro (III)

Dicen que la cajita de música fue inventada allá por 1796, un relojero suizo logró capturar lo que resultaría un refugio de sentimientos compartidos mediante un diente metálico pulsado por púas. Su refinamiento dio lugar a modelos tan elaborados que sirvieron para evocar melodías y momentos comunes, dulces polifonías reproduciendo melancolías variadas o esperanzas campanilleras. Cierra los ojos ¿Recuerdas aquella melodía? “tin, titín, tin tan…”

Casi, casi, se podría notar el regusto de ese párrafo anterior tan parecido al rastro de una galleta danesa de mantequilla que se abraza al de un sorbo de té earl grey en el paladar. Han pasado dos siglos desde entonces y he tenido la curiosidad de averiguar cómo se habría desarrollado a día de hoy ese concepto musical, a fin de cuentas todos los instrumentos han tenido su evolución ¿O no?

No es meollo del artículo decidir si la música es “sólo” matemáticas aplicadas, o por el contrario que el que pueda ser explicada por ellas no quite que sea una expresión imaginativa del alma civilizada. Dejémosles tirándose de los pelos a partidarios y detractores de ambas interpretaciones y preparémonos a sentir los nuestros, como escarpias recién escalofriadas. Vamos a empezar por esa palabra tan aplaudida como despreciada: el “autor”.

Todos tenemos noticia de alguna que otra disputa famosa, acusaciones de robo de melodía que hasta ahora se resolvían en los tribunales (como cuando el propio John Fogerty fue acusado de autoplagio por su antigua editorial y tuvo que demostrar, guitarra en mano y ante el juez, las diferencias entre ambas canciones). Podemos ir olvidándonos de eso en el futuro. Damien Riehl y Noah Rubin, dos expertos en informática y derecho, han grabado todas las combinaciones posibles de 8 notas en 12 tiempos, logradas a razón de 300.000 por segundo. ¿El resultado? las 68,7 mil millones de melodías generadas han sido subidas gratis a internet, eliminan el posible “derecho de autor” para el futuro pues cualquiera puede decir que usó su banco de datos aunque, eso sí, desde la licencia de Creative Commons.

Otra inquietante noticia para los creadores de música (ahora ya puestos en sospecha de no ser más que voluntariosos gestores de notas aleatorias) es la firma de un contrato de la poderosa Warner Music con un algoritmo en particular. En realidad con él no, con la compañía propietaria que se reserva los derechos del mismo y que compartirán al 50% durante, en principio, 20 álbumes completos. La realidad es que los algoritmos que producen melodías y sonidos ambientales de esa empresa alemana –Endel-, ya conviven con artistas reales en Spotify; es más, puede generarlos para ti mediante una aplicación que utiliza parámetros como la propia localización, la hora, el tiempo atmosférico o tu ritmo cardíaco para crear piezas personalizadas. Chúpate esa, Mozart. No caigamos en el catastrofismo, a día de hoy el público aún prefiere ponerle cara humana a los sonidos que oyen de fondo mientras están haciendo alguna actividad. Así que tranquilo, puedes ir con esa composición de la que estás tan orgulloso a alguna compañía importante para que te lance mundialmente. ¿Preparado?

Pues habrás de tener en cuenta que, por ejemplo, Tijl de Vie -experto en inteligencia artificial de la universidad de Bristol (y hay varios más, tranquilo)- tiene un programa que analiza si tu composición va a ser un bombazo, o un churrillo irrelevante, en base a parámetros como velocidad, longitud, tempo, ritmo y otras características como su capacidad de ser bailable; parece ser que lo infalible es que sean pocos acordes, que la velocidad sea a 120, desarrollada en cuatro por cuatro y que incluya segundas voces. ¿Y si la canción no encaja en ese ahora ya imprescindible standard para las discográficas? Te responderé con otra pregunta ¿Sabes freir patatas? Pues ya sabes qué hacer con tu canción.

Algún oscuro genio del mal ha decidido y apostado por los algoritmos como futuro de la música a nivel masivo, aún están en fase de desarrollo pero cuando estén bien “entrenados” podrán “componer” en cualquier estilo musical y (siempre que sea extremadamente rentable) acabaremos oyendo “música inspirada en tu artista favorito” ¿Discos “estilo Beatles? ¿El nuevo fake de los Ramones? ¿Oiremos al sampler de la voz de Hank Williams cantando el “Like a Virgin? Se aceptan apuestas… siempre que sean sobre seguro.

Tras tantas batallas, es el definitivo triunfo de la mediocridad aritmética sobre las irregulares chispas del genio y desde aquí felicito póstumamente al señor Salieri. Ay, las cajitas de música… bueno, siempre nos quedará darle a la manivela en alguna esquina mientras el mono pasa la gorra ante el respetable. Tampoco nos va a venir de nuevas eso ahora ¿O sí?



[Redacción Nuevaola80. Teo Serrano]

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