26 oct. 2009

El Flaco se luce en su presentación oficial en Murcia

Llegué a mitad de la actuación de los teloneros Limón 2, que me dejaron grata impresión. Los chicos no paran de animar a la gente con comentarios, dando sensación de buen rollo y diversión con su pop-rock dinámico. Entre sus fuertes, una versión rápida de Princesa (Sabina) y otra de Sí, sí (Los Ronaldos) en la que invitaron a José Enrique a cantar.

Después de un descanso y algún fallo de intendencia (se extravió la llave del camerino), El Flaco. En mi larga trayectoria de asistente a conciertos, pocas veces he visto una banda tan bien plantada en escena. José Enrique se erige en carismático frontman, una extraña mezcla entre el primer Loquillo y Joey Ramone, ejerciendo de director del espectáculo. Tres guitarras -las del Negro, Josean Navarro y el propio Pipi- aportan robustez, contundencia y profundidad al sonido. Santiago Campillo observaba entre el público.

Para empezar nada como un rocanrol de Doble Cero, Me vas, al que encadenaron cuatro consecutivas de "Abstracta melancolía", alternando rápidas y tranquilas: Rey de las aceras, Volando lento, No surrender (no es la del Boss, aunque atisbé algún ademán springsteeniano de José Enrique enarbolando la guitarra) y Con miedo. Afortunadamente, José Enrique se había recuperado de la afonía que sufría el miércoles en Onda Regional.

Vuelta a DC en No más calor y su rotundo riff inicial, una de las que no tocaron en marzo. Chaketa beige y la balada Qué me llevo del nuevo álbum. A continuación Loco, un tema que no identifiqué (no sé si es propio o ajeno), y las festivas Mira a ver Maribel y Doble Cero (la que cerraba los conciertos de la primera época).

Se retiran y salen de nuevo para ofrecer un único bis, sorprendentemente sólo de versiones: Estadio Azteca de Calamaro (Pipi a la acústica con Josean, y Víctor de Limón 2), Amélie (Pereza), Que el tiempo no te cambie (Tequila) y Adiós, amigos, adiós (Los Rodríguez, acelerada a mitad del tema).

Un show bien diseñado que funcionará sin problemas allá donde vaya, a poco que retoquen dos detalles: alargar la duración (se quedan en una hora); y no abusar de las versiones, recurriendo a más de Doble Cero, o incluso de Perro Apaleao.

Próxima estación, Madrid.

[César Sánchez, Nuevaola80]

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