26 sept 2026

Muere Eduardo Rodríguez Rodway, el último vestigio de Triana

La formación original de Triana, aquella que deslumbró a mediados de los años setenta con su fusión de flamenco y rock, ha vivido su último compás. El guitarrista del trío, Eduardo Rodríguez Rodway, ha muerto este sábado en Cádiz a los 81 años. Vivía desde hacía años en Caños de Meca, en la costa gaditana.

Sus familiares han informado de la perdida en un comunicado: “La familia Rodríguez Ordóñez, con profundo dolor y tristeza, informa de que hoy, 26 de septiembre de 2026, ha fallecido en el hospital universitario de Puerto Real, Cádiz, Eduardo Rodríguez Rodway, miembro fundador y guitarrista del grupo Triana. Con su marcha, Eduardo nos deja un tremendo vacío artístico y emocional, siendo el último del mítico grupo musical sevillano en dejarnos, tras la muerte de sus compañeros Jesús de la Rosa y Juan José Palacios Tele, en 1983 y 2002 respectivamente”.

Rodway libró durante los últimos tiempos una agria batalla por el legado del trío al enfrentarse a los Triana que llevan actuando años sin ningún miembro fundador. Perdió en los tribunales por un enrevesado giro burocrático, pero por el camino publicó un prolijo libro sobre el grupo, Triana. A través del aire. El origen y la esencia del grupo andaluz más universal, y dinamizó el cancionero de un grupo esencial en la historia de la música española.

Nacido en 1945 en Sevilla, Rodway fue de aquellos chicos que en los sesenta se nutrían de los discos de rock ingleses y norteamericanos que llegaban a las bases militares estadounidenses de Andalucía. Eran los primeros en España, antes que en Madrid o Barcelona, en conocer las novedades de Pink Floyd o de King Crimson. Primero se formó con la guitarra eléctrica y al asimilar la música de su tierra se pasó a la española. Formó Los Payos, con los que obtuvo éxito a finales de los sesenta, con temas como la rumbita veraniega María Isabel. Pero él buscaba algo más profundo. Lo encontró al cruzarse con Jesús de la Rosa y Tele.

Triana no prendió inmediatamente. Surgieron en una España todavía maniatada por el franquismo. Su debut (El patio, 1975), hoy considerado una obra deslumbrante, vendió apenas un puñado de ejemplares cuando se publicó. Aquel trabajo era intrépido, valiente: arrancaba con Abre la puerta, una canción de 10 minutos de una profunda solemnidad. “El ideario era reivindicar lo andaluz, pero fuera de los tópicos. No copiar patrones extranjeros. Cogimos el rock como lenguaje universal que lo puede entender tanto alguien de Utrera como de San Francisco, y le dimos el duende flamenco”, explicó Rodway a este periódico en 2021.

Jesús de la Rosa, con su voz penetrante y triste, era el alma del trío, autor de unas letras con un tono litúrgico sobrecogedor. Tele acompañaba a la batería, con una percusión de paso de Semana Santa, y Rodway proponía dos vías: la eléctrica y progresiva, y la flamenca con una guitarra española. Tocaba lento, degustando las notas. Hablaban de viajes de LSD, de mujeres mitológicas, de libertad. Estaban influidos por los hippies y sus mensajes: paz, amor, naturaleza, sexo, drogas.

Hasta el segundo disco (Hijos del agobio, 1977) no empezaron a calar y con el tercero (Sombra y luz, 1979) llegó la explosión. Lo llamaron rock andaluz y alumbró a decenas de bandas, siempre con el ejemplo del trío sevillano: Alameda, Guadalquivir, Cai, Mezquita o el Miguel Ríos de Al-Andalus… Canciones como En el lago, Hijos del agobio, Quiero contarte, Tu frialdad o la bellísima Una noche de amor desesperada acabaron por calar en un país necesitado de un aire musical nuevo. Incluso sonaron en Los 40 Principales y protagonizaron convocatorias multitudinarias en las matinales de la cadena en el Parque de Atracciones.

La llegada del primer pop ligero de la Movida dejó su intensa propuesta en fuera de juego. El trío intentó adaptarse a esos tiempos más superficiales, pero le salió mal: grabaron alguna canción que al escucharla hoy asalta una sensación embarazosa, sobre todo si se compara con su repertorio de los setenta.

El 13 de octubre de 1983 un accidente en una carretera burgalesa les frenó en seco. El Citroen BX conducido por Jesús de la Rosa se estrelló contra una furgoneta que viajaba en sentido contrario. Tenía 35 años. El músico venía de un concierto en San Sebastián: Triana había tocado en un recital solidario para los afectados por las inundaciones en el País Vasco. Los otros dos miembros conducían sus respectivos vehículos. Estaban a salvo.

Triana se acabó ahí. “Sufrí una depresión profunda de la que me costó salir. La categoría de Jesús como músico era suprema, y como amigo y como persona”, confesó Rodríguez a este periódico. “Un día, en Granada. Jesús nos dijo a Tele y a mí: ‘Oye, si alguno muere en el empeño de nuestra música, se termina Triana’. Los tres asentimos. Nos dimos un abrazo y eso fue un pacto de honor”. Rodríguez publicó dos discos en solitario (uno dedicado a De la Rosa) con poca repercusión y se retiró definitivamente en 1987.

En 1994, Tele consultó a Rodway si le importaba si resucitaba Triana con otros músicos. El batería necesitaba ingresos y el guitarrista accedió. Faltaba el giro más inesperado. Tele fallecía en 2003 de un aneurisma a los 58 años. La marca del grupo la heredaba su viuda, que decidió que los músicos contratados siguieran actuando como Triana. Y hasta la actualidad.

Rodway luchó en los juzgados y con continuos mensajes en Facebook por el legado del grupo, afirmando, no sin razón, que aquellos no eran Triana. Pero los tribunales no le dieron la razón. “Yo consentí a regañadientes mientras Tele estaba vivo que siguiera como Triana. Porque pensé: ‘Tiene que comer, y bueno…“, contó el guitarrista a EL PAÍS. ”Consentí, pero estaba totalmente en contra. Una vez muerto Tele, como él registró el nombre, a espaldas mías, la viuda aprovechó de buenas a primeras para sacar un grupo que se llama Triana".

Rodway llevaba retirado profesionalmente 38 años. Vivía en su casa de los Caños, a 400 metros del mar. Conservaba alguna guitarra, pero apenas podía tocar debido a una artrosis. Se desquitaba con un teclado. Algunas noches, lleno de nostalgia, improvisaba aquellos versos: “Abre la puerta niña que el día va a comenzar...”.

[Fuente: Carlos Marcos para elpais.com -Enlace orginal-. Foto: Román Ríos]

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