17 mar 2026

Muere Fernando Franco, el gran cronista de Vigo

El redactor de Faro, luz informativa de la Movida viguesa y la moda gallega de los 80-90, fallece a los 75 años en Salamanca. Su familia y amistades destacan la calidad de su escritura y su generosidad.

Desde la mañana de ayer lunes, la estrella del periodista Fernando Franco reluce en el cielo lejos de este mundo terrenal que tanto amó y al que tanto se enraizó. Fernando dio ejemplo hasta su último aliento en un pulso contra un belicoso cáncer al que medio engañó durante un tiempo. Al menos, eso fue lo que nos quiso hacer creer. Finalmente, a sus 75 años de edad partió tras ingresar el sábado en un hospital en Salamanca donde, ya en paliativos, falleció. La ciudad de Vigo, donde nació y construyó su leyenda, amaneció en shock. En Faro de Vigo, su ‘otra’ casa, un nudo se ató a la garganta de la plantilla: se acababa de marchar un referente pero sobre todo, una buenísima y gran persona, alguien inimitable.

Fernando Franco nació el 16 de febrero de 1951 en la urbe olívica. Su cuna fue el Casco Vello por cuya recuperación luchó siempre. En él se asentaron sus padres, dos comerciantes maragatos procedentes de la zona de Astorga que lo tuvieron a él y a su hermana María José y que abrieron una tienda de ultramarinos en el Arco de Quirós.

Bajo los arcos de la Plaza de la Constitución –a la que tenía vistas desde el balcón de su última vivienda en Vigo– creció jugando al fútbol para subirse a los árboles de la Praza da Princesa. Entre las gentes del barrio fue formando la personalidad para acabar siendo «una institución en Vigo» con gran fama de periodista incluso más allá de las tierras gallegas.

Sus padres lo enviaron a estudiar a Jesuitas y después a Pamplona para cursar Periodismo. También acabó haciendo la mili en Madrid en los Cuerpos de Operaciones Especiales. Durante el servicio militar veló el cadáver del dictador Francisco Franco y hasta vio fallecer a un fanático del ferrolano por un colapso. Fernando ya era un verso libre con una idelogía lejos de la reaccionaria de aquellos años. Hizo suyo el lema de Sinatra «My way»: decidió vivir a su manera y lo logró.

Entró en 1981 en Faro donde se convirtió en su estrella y una de las del periodismo gallego. Gran parte de sus columnas de opinión; sus entrevistas; su trabajo para Club Faro o sus informaciones diarias deberían conformar un manual periodístico por su estilo propio. Este brilla en la impresionante crónica de 1989 en Estocolmo como enviado especial del decano en la entrega del Nobel a Camilo José Cela. En sus 45 años de tecleo periodístico escribió hasta el último día –incluso dejó trabajo adelantado– destacando por su lenguaje y redacción cuidadísimas, su sagaz y empática selección de fuentes informativas a las que mimaba y que se convertían en sus amistades.

«Él siempre estuvo muy involucrado con todo lo relativo a la ciudad de Vigo. Fue el gran cronista. Nadie escribió como él tantas cosas de Vigo», destaca Itos Domínguez que junto a su hermana Loló formaban parte del núcleo de amistades férreas de Fernando. Recuerda Itos (fundadora del local gay Plaff) que «también dio voz al colectivo LGBT. Siempre estaba pendiente del movimiento gay y también del feminista dándoles voz». Un año recibió el Premio Naranja de Ilegais por su defensa del colectivo homosexual.

También recordó sus años de altavoz de la moda gallega en el cuartel de la revista «Galicia Moda» (impulsada por Luis Carballo). Se encargó de la prensa de María Moreira y trabajó para firmas gallegas en Cibeles o en el mítico desfile de 1985 en París. Fernando contribuyó al bum de la moda galaica y en 2022 publicó el libro «40 anos da moda en Galicia». Lo presentó en el Museo do Mar en un acontecimiento social excepcional, arropado por decenas y decenas de personas entre las que se encontraban diseñadores referentes en los años 80 así como en la actualidad. Él mismo siempre destacaba por su inmaculado y gustoso vestir. Lo evidencia una foto vestido de blanco en la calle Urzáiz de Vigo antes de los 90 y con gafas de sol. «Pareces Sonny Crockett. Vigo-Vice», le comenté un día en su casa ante esta imagen. Él se limitó a reír halagado.

Fernando Franco apoyó la Movida viguesa de los 80. En su casa en Cabral (barrio vigués) con Mara, prestaban el bajo para que grupos como Aerolíneas Federales o Semen Up pudieran ensayar. El eco legendario de sus fiestas aún resuena hoy en la urbe.

Su deseo de disfrutar la vida lo convirtió en un icono también de la noche viguesa que disfrutó al máximo. «Amó como vivió, intensamente», resume su hija Xisela Franco. Su amigo Jaime López (de «El Capitán») también recuerda su lado enamoradizo (se casó en tres ocasiones) y su amor por la gastronomía aunque «no sabía freír ni un huevo. No le gustaba que le invitaran; si le invitabas, no volvía. Era muy generoso, prestaba dinero a la gente que no tenía para pagar la luz. Su hermana decía que hasta llevaba a dos o tres mendigos a su casa», apuntes estos últimos que ratifican las hermanas Domínguez.

Reflexiona Jaime que «Fernando escribía lo que veía y vivía; no escribía de teléfono». «Fue un periodista de calle, que vivió intensamente; una persona muy querida por los vigueses. Un orgullo», remata su hijo, Iñaki.

Franco era un fenómeno social al que todo el mundo paraba por la calle. Hasta el anónimo Ned Land le llegó a enviar mensajes en botellas. «Algunas personas piensan que era yo, pero no es así», defendía esta alma de luz que hablaba como un gurú y escuchaba como un Dios salvando a muchas personas (incluida yo) del abismo.

En 2025, Fernando fue Cachamuíña en la Reconquista y portador del estandarte del Cristo de la Victoria. A pesar de la enfermedad, irradiaba felicidad y vitalidad. No dejó atisbar mucho el miedo para no preocupar a quien lo quería y vivió entre Vigo y Salamanca, a donde se fue a vivir por amor a su tercera esposa, Lupe. En la ciudad castellana amplió su estrellato, hasta copresentó el programa «Hoxe Galicia» para radio y podcast en el Centro Gallego.

Franco fue un maestro del periodismo y de la vida. Hacia el final de esta reconocía que había estado asolado por momentos como repercusión de haber vivido al máximo. Aún así confesó: «No me arrepiento de nada». Su luz nos seguirá iluminando en la oscuridad de las noches aunque no veamos las otras estrellas.

Su velatorio se abre este martes a las 17.00 horas en la sala nº 10 de Emorvisa, Pereiró. El miércoles habrá también a las cinco una ceremonia de despedida. Tras ella, la incineración.

[Fuente: Mar Mato para farodevigo.es -Enlace original-]

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